Dinero, poder y mundo:

aún así, la desgana

de la loquita oxoniana

es un malestar profundo.

Es como un queso gruyére:

sus excesos y defectos,

aun sin llegar a ser vicios

descomponen los afectos

de su alma de mujer.

Debe prestar sus servicios

en el bravo Tercer Mundo,

en este país inmundo

que exiliara a don Porfirio.

La locura programática

de la loquita enigmática

es un tanto novelesca:

que nada rasgue ni empañe

el celofán del martirio.

La loquita misteriosa

ataca en cuanto le atañe

y así se labra, industriosa

un panal de corcho y cera

estéril, en donde espera

y se distrae del abismo,

al naufragio y cataclismo

que trae cada primavera.

 

(9 octubre 18)