Make America great again

“Hacer a América grande otra vez”. 

Se lee en la cachucha que usa Donald desde su campaña y ahora, en algunas ocasiones de su inicial centenario de días en el ejercicio de su  Gobierno. 

Es una invitación a hacer, a actuar. Invitación a ser protagonistas, a encadenar tareas, a hacer cambios, a empujar procesos. 

Supone confianza en el esfuerzo, en la tecnología y en todos los recursos naturales. Expresa la decisión de ir encadenando órdenes ejecutivas buscando resultados. El riesgo de este activismo es llegar a prescindir de exigencias éticas, olvidar límites jurídicos y condicionamientos democráticos.  Y el riesgo de ser impulsados por la urgencia económica, el estreno político de muchos y el miedo generalizado al terrorismo.  

Mencionar a América es un reduccionismo con el que se menciona al propio país con el nombre de  un continente. Se olvidan puntos cardinales y geográficos  como sur, centro y norte. Es un destino de acciones autorreferenciales e introvertidas. Es una visión concentradora de la atención en lo propio, se le llama nacionalismo a esa actitud que subraya lo interno, lo vernáculo con sus intereses y sus necesidades, en forma exclusiva y despectiva. El riesgo es el chauvinismo, y la xenofobia, el engreimiento y la discriminación.

La grandeza es el sueño. Una imaginación cuantitativa lo diseña. Una visión de grandes tamaños. Un elefante… y precisamente blanco. Se visualiza como una imagen de poder, de superioridad, de dominio, Crecer es el verbo y crecimiento  el sustantivo. El riesgo es incurrir en  un gigantismo tumoral, no orgánico, separado con muros, defendido por ejército reforzado  y accesos supervigilados, sin solidaridad mundial. 

Y hay una evocación cuando se dice “again”: una vez más, repetir y mejorar una  condición. Es una nostalgia de prosperidad evocada y tiene el riesgo de ser involutiva,  con un futuro de retaguardia recalcitrante y repetitivo. Un riesgo de regresión disfrazada de progreso.

Ha dicho Arnoldo Kraus  que: “el progreso, mientras no se distribuya y no sea incluyente, no es progreso”, que “lo que no se comparte merece cuestionarse y los frutos del progreso deben ser los más incluyentes” 

El riesgo de ese crecimiento es estrangularse y colapsar por una falsa ética inhumana de intereses y no de valores…