Las aguas del río están revueltas y a simple vista todo parece ser un desastre, pero si de esto se sabe aprovechar lo bueno, seguramente lo que viene pudiera ser el revulsivo que la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) necesitaba para tomar un nuevo impulso.

De entrada no podemos alegrarnos que el circuito veraniego esté dividido en dos bandos y que ninguno tenga la voluntad de ceder en sus posiciones, mucho menos debemos aplaudir que sus desencuentros estén llenos de agravios y faltas de respeto, pues un tema de Asamblea está tomando tintes circenses.

Son varios los puntos de desencuentro entre el grupo “De los 8” (Diablos, Sultanes, Tigres, Guerreros, Piratas, Saraperos, Olmecas y Generales) y el “De los 7” (Leones, Pericos, Toros, Rojos del Águila, Acereros, Vaqueros y Rieleros), todos aparentemente provocados por el tema del número de peloteros mexicoamericanos con los que se debe jugar la temporada 2017.

Por lo que usted quiera y mande ahora la LMB está dividida, cuarteada, no rota. No rota porque la solución que algunos directivos ya plantean no es nada descabellada: dividir la competencia en dos grupos, con dos reglas diferentes. Al estilo de la Liga Nacional y la Americana en las Grandes Ligas.

Que el grupo “De los 8” juegue con seis extranjeros, tres mexicoamericanos y dos novatos y el que el “De los 7” lo haga con seis extranjeros, ilimitado número de mexicoamericanos y dos novatos, que integre a León como octavo equipo, y que luego sus campeones se enfrenten entre sí por el título.

Que incluso hagan series interligas y que el Juego de Estrellas sea entre un equipo con los mejores mexicanos de la temporada contra un combinado de los mejores mexicoamericanos y extranjeros. Serían muchos y largos viajes, pero ¿no es buena idea?

Entonces si lo vemos de esa manera, tal vez la revuelta en la LMB no es del todo mala. Claro, con esto no quiero ni pretendo señalar que el río revuelto que vive la Liga Mexicana de Beisbol es totalmente benéfico. A todas luces es un golpe que nadie esperaba y que tal vez los aficionados tarden en asimilar.

Pero ¿no sería peor quedarse sin temporada y dejar tirados a patrocinadores, aficionados, peloteros y demás gente que vive del Rey de los Deportes?

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