Los escenarios del proceso electoral en nuestra patria chica empiezan a tomar forma. Cada uno de los actores de la contienda jala agua para su molino; algunos avanzan a pasos agigantados, otros más caminan como el cangrejo playero, y como en la víbora de la mar: los de atrás se quedarán. La presencia de los azulillos en la atmósfera política empieza a desdibujarse. Los representantes de la derecha comarcana comenzaron a todo vapor mostrando al respetable una simulada unidad, pero el oxígeno poco duró al inicio de la carrera.

Aún no dan pie con bola. Se dice que en el búnker blanquiazul hay desconcierto al ver que sus estrategias no alcanzan el resultado planeado, mientras contemplan a un improvisado candidato de izquierda que los rebasa por la derecha. Sí, mamá, el “indómito” bigotón que inició como independiente, pero a la postre se pintó de moreno, parece que empieza a sumar simpatías entre aquéllos que veían a los conservadores como opción. Menudo lío en el que se encuentran los azules, quienes mientras tanto siguen deshojando la margarita para la designación de quienes habrán de defender sus siglas en los municipios y en los distritos. Y como si esto fuera poco, el priísta Miguel Ángel Riquelme Solís les recetó una muestra de músculo político que algunos pensaron imposible a estas alturas del partido. 

En su toma de protesta como candidato del PRI a la gubernatura coahuilense, el exedil de Torreón reunió a miles de personas en el Auditorio del Parque Las Maravillas, en esta capital. Al inmueble convertido en recinto oficial para la celebración de un consejo político, como en la canción del “Moro de Cumpas”, que hiciera famosa Antonio Aguilar, llegó gente de donde quiera. Sólo que acá no hubo carreras entre el “Relámpago” y el “Moro”. Aquí se vivió un hecho calificado por algunos como insólito, por la fuerza y la unidad real mostrada. El acto fue encabezado por el presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Enrique Ochoa, quien en el uso de la voz no dejó lugar a dudas de la fortaleza del partido tricolor en estas tierras. Recordó el pasado proceso interno en el que cientos de miles de coahuilenses salieron a las calles para elegir a su candidato mediante el proceso de consulta abierta a militantes y simpatizantes. 

Los detractores del tricolor no tuvieron el menor empacho en cuestionar las cifras de participación que dio a conocer la dirigencia estatal del referido instituto político. Al respecto, Ochoa Reza declaró enfático: la cantidad de votos registrada en la pasada contienda interna del PRI Coahuila nunca ha sido obtenida por el PAN estatal en proceso constitucional alguno. ¡Así de juerte, amá! (otra vez te plagié la frase, Fernanda del Bosque). Por su parte, Riquelme llamó a la unidad entre los priístas, y dijo que a él no le tiembla la mano para hacer lo necesario a fin de que Coahuila continúe por la senda del crecimiento. Así, el candidato que aquel día tomaba protesta generaba un compromiso verdadero con las y los coahuilenses. Sin duda el lagunero mostró carácter y solidez; producto de gallina, pues, para que mejor nos entendamos. 

Aquí en confianza, seguramente los autoproclamados paladines anticorrupción seguirán cuestionando la veracidad de la fuerza mostrada. Tratarán a toda costa de replicar el acto, en un afán de emparejar los cartones. Usarán hasta el hartazgo la peyorativa expresión “comelonches” para referirse a todas las personas que asistieron al encuentro partidista. A los azulillos y comparsa parece que se les están acabando las ideas. El cifrar su oferta en el “cambio”, sólo por cambiar, de poco o nada les está sirviendo, principalmente si consideramos que aquellos estados en donde se ofreció lo mismo están, sin excepción, en franca picada. Hace tiempo el diario Reforma publicó un sondeo en el que los candidatos tricolor y azul iniciaban la carrera hacia la gubernatura coahuilense en un cerrado empate. Ayer, El Financiero publicó una nueva encuesta en la que el abanderado priísta tiene 11 puntos de ventaja contra su más cercano contendiente, el panista Guillermo Anaya Llamas. Así las cosas, parece que los últimos días han sido como una película de terror para las huestes de ese partido. Alguna nueva ocurrencia nos brindará el líder panista Bernardo González; mientras tanto, se cuenta que en las farmacias cercanas al rumbo del Rosario escasea el antiácido. Riquelme mostró el músculo y a la vez el recio carácter que se requiere para dirigir los destinos de la entidad. Lo dije antes y lo repito ahora: no hay peor ciego que el que no quiere ver.