Tengo la fortuna de no haber terminado aún el libro “Cual para Tal” del caricaturista mexicano Ros. Finalizar un libro de Ros es triste, desolador, te llega cierta solemnidad, se siente un vacío y te arrebatas la oportunidad de lo que puede ser la única alegría en un futuro gris. Me pasó con su libro anterior “Bajar la Guardia”, me abalancé sobre las páginas, reí toda una tarde, lo devoré en la sala, en el cuarto, mientras cenaba, marqué diálogos memorables, dibujé personajes extras, publiqué varias imágenes en Instagram, compartí mi felicidad y de pronto por la noche me encontré, como lo acabo de decir, vacío. No cometí ese terrible error esta vez. La manera en la que estoy leyendo “Cual para tal” es un regalo diario; lo tomo, abro una página al azar, la leo, la disfruto, cierro el libro y lo muevo de lugar, repito este ritual cada 24 horas y afortunadamente (no sé quién habrá sido el genio en la editorial Almadía) no están numeradas las páginas así que no sé cuántos días de felicidad me quedan.

De Ros tomo un par de dosis al día, por la tarde mi costumbre casera y por la mañana religiosamente en el diario español El País, y aquí quisiera detenerme un poco. El otro día me encontré a un colega periodista que me dijo que mucha gente de su trabajo se metía a mi cuenta de twitter cuando iba al baño para actualizarse en las noticias y reírse un poco. La masiva confesión había salido a la luz en una comida laboral, mi amigo señaló que por lo menos coincidían con esta tradición sanitaria por lo menos una decena, de pronto el peso de la responsabilidad cayó sobre mí ¿cuántas personas se informan con mi timeline desde la intimidad? Después de esta confesión me he vuelto un tuitero responsable, evito usar esa red social como un chat y pongo contenido relevante. Ahora pienso en Ros, espero no arruinarle su dinámica de trabajo pero diario lo leen Javier Marías, Rosa Montero, Mario Vargas Llosa, Fernando Savater, Almudena Grandes, John Carlin, Martín Caparrós, Roncagliolo, Juan Cruz, Villoro y la mayoría de los que leen este texto y unos cuantos millones más (sus personajes aparecen en el diario El País, el más leído en español). ¿Cómo carga con esa responsabilidad? ¿Cómo elige el diálogo perfecto de un par de perros, la desesperanza de un feliz náufrago o la reflexión de un jefe en su excesiva oficina? La respuesta tal vez la escribe el maestro Alejandro Magallanes: “En la voz de esas líneas / Ros alumbra / nuestras preocupaciones / la soledad compartida / la fatuidad de las pretensiones / la absurda y machacante / secuencia lineal de la vida.”

Encontrarse con los trazos de Ros es una maravilla, el libro se llama “Cual para Tal” y lo edita Almadía, imperdible.
 
@jrisco