El uso de la propaganda para desviar o intentar alterar la realidad que quieren definir algunos políticos no es un asunto nuevo. Este concepto viene desde el Imperio romano, cuyas carreras de carros y luchas de gladiadores, eran vistos por la clase gobernante no como una forma de decadencia, sino como una cura para la decadencia.

Ver a las personas y los animales sacrificados brutalmente (en la arena) se consideraba una forma de evitar que la población civil se mantuviera entretenida y con la mente distraída, permitiendo a los emperadores gobernar como quisieran, y casi siempre lo hacían mal. 

La frase “pan y circo” se le atribuye al poeta romano Juvenal. La expresaba en el contexto de cómo Roma mostraba un enorme desprecio por los residentes de la ciudad milenaria, a los cuales prefería mantener interesados en temas banales para que no se metieran en política y que mucho menos cuestionaran a sus gobernantes.

También debe su origen a la costumbre romana de dar trigo gratis (las despensa de hoy) y entradas sin costo para ver los juegos circenses, todo, como una perversa forma de retener el poder político al costo que fuera.

Pero el fondo de todo, era la incapacidad para resolver los problemas sociales y económicos subyacentes. Los romanos vivían en condiciones de penuria. Estaban amontonados, no podían encontrar trabajo y tenían problemas para mantener a sus familias. Mientras tanto, el liderazgo romano estaba sentado en un barril de pólvora que, aunque nunca explotó del todo, tampoco desapareció.

Se trataba sin duda, de una banalización de la vida pública. Una forma de distraer a la gente de la gestión de gobierno, cuya única estrategia era (es) utilizar programas de bienestar público y espectáculos, para desviar atención política de una ciudadanía. Así pues, los apoyos públicos, provenientes de los propios impuestos sacados de los bolsillos de los gobernados, terminaban aplaudiendo no una gestión de políticas públicas aceptables, sino a través de desatención ciudadana, acallada por el “pan y circo”.

Pero esta estrategia trascendió a Roma y siguió siendo utilizada a través del tiempo en otras naciones y épocas. En España le llamaron “pan y toros”, en la Rusia de Stalin, operaba bajo el nombre de “Pan y espectáculo”. En nuestro continente, las ¿políticas públicas? De “pan y circo” se institucionalizaron en países fallidos como Venezuela y Cuba.

Pero independientemente del tiempo o lugar en donde ha aplicado esa política, lo único que ha conseguido es desacreditar la vida pública, mantener entretenida a la población para que no cuestione a sus gobernantes y al final de esta cadena, gobiernos incompetentes que sobreviven 
gracias solo al “pan y circo”.

Se trata de una visión política cínica de que las masas pueden mantenerse felices con entretenimiento, de mantener a la gente manejable. Algo parecido sucedió el pasado fin de semana en Saltillo, cuando el alcalde Manolo Jiménez, encabezó en su etapa de “emperador de los saltillenses” la rosca de reyes más larga del mundo. Todo un hito para la historia de esta ciudad que sin duda sirve de mucho (Aunque aún no logró entender en qué).

¿Fondos del gobierno municipal para el drenaje pluvial? Mejor hagamos la rosca más grande del mundo. ¿Poner en funcionamiento un transporte púbico digno? De ninguna manera, hacer la rosca más grande del mundo es mayor prioridad. 

¿Baches, calles sin pavimentar y colonias del poniente y oriente de Saltillo con crisis de abastecimiento de agua? No importa, mejor hagamos la rosca más grande del mundo.

Pero hay más. La iniciativa de “La rosca más grande del mundo” no fue ni siquiera de Manolo Jiménez, quien tan solo se colgó de esto. Fue una Universidad Privada dejada de lado, a lo que se le quitó el mérito, aprovechado enteramente por el alcalde de Saltillo, para hacer eso que tanto le gusta: promocionarse.

No cabe duda que dos mil años después, hay gobiernos que insisten en querer controlar con el destino (y los votos) de su población. La evidencia de que en el estado actual de la política, algunos políticos del gobierno de Saltillo, están convencidos de que los saltillenses se les puede satisfacer con “Rosca y circo”…el tiempo lo dirá.
@marcosduranf