Nunca había yo oído hablar de esa Virgen.

Por lo mismo ni sabía que existía.

Hasta que una amiga de un grupo de jóvenes que se llama Jornadas y algo, no me acuerdo qué, me habló de ella.

Y me contó que en el penal femenil persistía el culto a una advocación de la Virgen María nombrada la Virgen de la Merced, mejor conocida por el vulgo católico, ignoro si esta expresión es correcta o no, como la Virgen de la Presas.

Pues nada, que empecé a seguirle la huella a esta imagen de la que, tampoco sabía yo, hay dos templos en la ciudad.

Ambos sitos en colonias muy populares: la Lázaro Cárdenas al sur, y la Independencia, al norponiente, relativamente cerca ésta última de la cárcel de mujeres.

Y comencé a asistir a la novena en honor de esta Virgen, cuya festividad se celebra a finales de septiembre.

Ah, pero ni crea que soy tan católico, bueno sí, de puro pico, de dientes pa afuera.

Entonces supe de esta Virgen que había tenido su origen en la época de Las Cruzadas, en plena persecución de los moros a los cristianos.

O una cosa así.

Cuentan las crónicas que esta Virgen se les apareció a unos santos varones y les ordenó fundar una orden, la Orden de la Merced o de los Mercedarios, cuya misión era rescatar de la cárcel o del cautiverio a los hermanos que habían caído a manos de los moros.

Juntar dinero para pagar la libertad de los cristianos o tomar ellos su lugar en las mazmorras y así liberarlos. 

Qué causa tan noble, ¿vio?

Así fue que surgió la devoción a la Virgen de la Merced o de la Misericordia.

Lo que más me impresionó fue el culto que le rinden las presas del reclusorio femenil.

Para ellas la Virgen de la Merced no es una simple imagen de veneración, es mucho más...

Es la abogada que les va a abrir las rejas, la que las va a sacar de la cárcel, la que les va a dar la liberad.

De veras que jamás había contemplado fe tan grande, tan grande fe.

A ella le rezan, le prenden veladoras, le piden por los hijos y los padres que las esperan allá afuera, lejos de los altos muros de la prisión.
Le piden por el hijo oveja descarriada, por la madre enferma de cáncer, por el esposo que se mantiene al pie del cañón en eso de del amor, por el padre alcohólico


Me pareció por supuesto un tema digno de un profundo estudio sociológico.

Lo mío se quedo apenas en un reportaje.

Pero me gustó conocer y contar la historia de esta Virgen; la Virgen de las Presas.

Entré a la cárcel de mujeres el día de la festividad, estuve en su capilla, porque en el penal femenil la Virgen de las Presas tiene su capilla, me solacé con su danza, la Danza de la Merced, que conforman las mismas reas con trajes y sones realizados por ellas mismas.

No, no, no, toda una cultura en torno a esta Virgen.

Pero le vuelvo a repetir, lo que más me asombró fue la fe de las mujeres hacia esta imagen, cuánta fe

“Ella es la que me va a sacar de aquí, la que me abrirá la puertas de la celda”, decían sus devotas con tal confianza que ya la quisiera yo


Jesús Peña
SALTILLO de a pie