Debido a los conflictos entre liberales y conservadores, el Himno dejó de entonarse desde 1862 por las referencias a Antonio López de Santa Anna

En tu tiempo de estudiante recordarás cuando coreabas el Himno Nacional cada Lunes Cívico en tu institución, actividad que en la actualidad se sigue realizando, sin embargo tenga cuidado al entonarla ya que existen estrofas prohibidas del Himno, las cuales si las cantas podrías pisar la cárcel.

Historia del Himno 

Originalmente, el Himno Mexicano se compone de cuatro estrofas, entre las que se canta intercalado el coro, sin embargo esto no fue siempre así.

Dicha composición fue hecha por Francisco González Bocanegra; Jaime Nuno Roca fue el responsable de la musicalización. Esta poseía 10 estrofas en aquel entonces. Antonio López de Santa Anna fue Presidente de México en varios periodos entre 1833 y 1855. Él impulsó la creación de un Himno que representara a la nación.

Después de un concurso en el que González Bocanegra y Nunó Roca resultaron ganadores, Santa Anna fue expulsado del país antes de que oficializara a la composición como Himno Nacional de los mexicanos.

¿Quién es el guerrero inmortal de Zempoala?

El 11 veces presidente, general, y perdedor de la mitad del territorio nacional, quiso hacer un himno que lo conmemorara como el gran héroe de la patria, y convocó a un concurso -que ganó un poeta forzado por su novia a participar, encerrado en un cuarto hasta que acabara su obra, y musicalizado por un español.

Así pues, el presidente Antonio López de Santa Anna propuso el actual himno nacional que decía en sus estrofas originales la siguiente loa a sí mismo:


Del guerrero inmortal de Zempoala
Te defiende la espada terrible,
Y sostiene su brazo invencible
tu sagrado pendón tricolor.
¡El será del feliz mexicano!
en la paz y en la guerra el caudillo,
porque él supo sus armas de brillo
circundar en los campos de honor.
¡Circundar en los campos de honor!

 fue hasta 1943, en plena Segunda Guerra Mundial que se estableció la forma actual como la oficial. Ya no hay mención a Santa Anna o a los gritos de «¡Unión! ¡Libertad!» que, junto con la Religión, forman parte del acta de independencia firmada por otro villano nacional, el emperador Agustín I. Quien, por cierto, proclamó la independencia del Imperio Mexicano y no de la República Mexicana.

Rescate del Himno

Después de varios años, en los que se inventaron una serie de Himnos por parte de varios Presidentes, fue hasta 1901 cuando se rescató la composición hecha en 1853 y se planteó usarla como oficial.

La obra de González Bocanegra y Nunó Roca fue usada por primera vez como Himno Nacional Mexicano durante los festejos por el centenario de la Independencia de México, en 1910, cuando Porfirio Díaz era el mandatario del país.

En 1943, tras varios años de cantarse con sus 10 estrofas originales, se decretó prohibir y eliminar las partes que hacían referencia al dictador López de Santa Anna, como el guerrero inmortal de Zempoala (de dónde era originario), y al primer emperador de México, Agustín de Iturbide.

 
Estrofas prohibidas

ESTROFA IV (DEDICADA A SANTA ANNA)

Del Guerrero inmortal de Zempoala
Te defienda la espada terrible,
Y sostiene su brazo invencible
Tu sagrado pendón tricolor.
El será el feliz mexicano
En la paz y en la guerra el caudillo,
Porque él supo sus armas, de brillo,
Circundar en los campos de honor.


ESTROFA VII (DEDICADA A ITURBIDE)

Si a la lid contra hueste enemiga
Nos convoca la trompa guerrera,
De Iturbide la sacra bandera
¡Mexicanos! valientes seguid.
Y a los fieros bridones les sirvan
Las vencidas hazañas de alfombra;
Los laureles del triunfo den sombra
A la frente del bravo Adalid.

Aquí el Himno Nacional Mexicano Completo

Ofrecemos, pues, al lector la letra completa del Himno Nacional Mexicano. Se resaltan en negritas las estrofas oficiales, para poder acceder sin dificultad a la versión que se interpreta hoy en día:

Estribillo

Mexicanos, al grito de guerra
El acero aprestad y el bridón;
Y retiemble en sus centros la tierra
Al sonoro rugir del cañón.

I

Ciña ¡Oh Patria! tus sienes de oliva
De la paz el arcángel divino,
Que en el cielo tu eterno destino
Por el dedo de Dios se escribió.
Mas si osare un extraño enemigo
Profanar con su planta tu suelo,
Piensa ¡Oh Patria querida! que el cielo
Un soldado en cada hijo te dio.

II

En sangrientos combates los viste
Por tu amor palpitando sus senos,
Arrostrar la metralla serenos
Y la muerte o la gloria buscar.
Si el recuerdo de antiguas hazañas
De tus hijos inflama la mente,
Los laureles del triunfo tu frente
Volverán inmortales a ornar.

III

Como al golpe del rayo la encina
Se derrumba hasta el hondo torrente,
La discordia vencida, impotente,
A los pies del arcángel cayó.
Ya no más de tus hijos la sangre
Se derrame en contienda de hermanos;
Solo encuentre el acero en tus manos
Quien tu nombre sagrado insultó.

IV

Del guerrero inmortal de Zempoala
Te defiende la espada terrible,
Y sostiene su brazo invencible
Tu sagrado pendón tricolor.
Él será del feliz mexicano
En la paz y en la guerra el caudillo,
Porque él supo sus armas de brillo
Circundar en los campos de honor.

V

¡Guerra, guerra sin tregua al que intente
De la patria manchar los blasones!,
¡Guerra, guerra! los patrios pendones
En las olas de sangre empapad.
¡Guerra, guerra! en el monte, en el valle,
Los cañones horrísonos truenen
Y los ecos sonoros resuenen
Con las voces de ¡Unión! ¡Libertad!

VI

Antes, Patria, que inermes tus hijos
Bajo el yugo su cuello dobleguen,
Tus campiñas con sangre se rieguen,
Sobre sangre se estampe su pie.
Y tus templos, palacios y torres
Se derrumben con hórrido estruendo,
Y sus ruinas existan diciendo:
De mil héroes la patria aquí fue.

VII

Si a la lid contra hueste enemiga
Nos convoca la trompa guerrera,
De Iturbide la sacra bandera
¡Mexicanos! valientes seguid.
Y a los fieros bridones les sirvan
Las vencidas enseñas de alfombra;
Los laureles del triunfo den sombra
A la frente del bravo adalid.

VIII

Vuelva altivo a los patrios hogares
El guerrero a contar su victoria,
Ostentando las palmas de gloria
Que supiera en la lid conquistar.
Tornaránse sus lauros sangrientos
En guirnaldas de mirtos y rosas,
Que el amor de las hijas y esposas
También sabe a los bravos premiar.

IX

Y el que al golpe de ardiente metralla
De la Patria en las aras sucumba,
Obtendrá en recompensa una tumba
Donde brille de gloria la luz.
Y de Iguala la enseña querida
A su espada sangrienta enlazada,
De laurel inmortal coronada
Formará de su fosa la cruz.

X

¡Patria! ¡Patria! tus hijos te juran
Exhalar en tus aras su aliento,
Si el clarín con su bélico acento
Los convoca a lidiar con valor.
¡Para ti las guirnaldas de oliva!
¡Un recuerdo para ellos de gloria!
¡Un laurel para ti de victoria!
¡Un sepulcro para ellos de honor!