El escritor y periodista español Antonio Iturbe presentó "A cielo abierto". Fotos: Internet
La apasionante vida de Saint-Exupéry es la protagonista de "A cielo abierto", la novela por la que el escritor y periodista español Antonio Iturbe se alzó con el Premio Biblioteca Breve 2017 de la editorial Seix Barral.

Contemplar el mundo desde el cielo permitía a Antoine de Saint-Exupéry revivir esa mezcla de asombro y fascinación que atesoran los niños. Allí arriba, a los mandos de un biplano, este piloto aventurero y soñador no parecía temerle a nada, pero cuando aterrizaba, lo sacudían los miedos y las cuestiones existenciales que acabaría plasmando en la obra por la que pasó a la historia: "El principito".

La apasionante vida de Saint-Exupéry es la protagonista de "A cielo abierto", la novela por la que el escritor y periodista español Antonio Iturbe se alzó con el Premio Biblioteca Breve 2017 de la editorial Seix Barral. Con ella, no sólo recrea a un personaje fascinante marcado por la épica de los albores de la aviación civil, sino que además rinde homenaje a la creación literaria desgranando la gestación de una obra que ha influido a generaciones de lectores.

"Cuando con 11 años leí 'El principito', me fascinó. Después he ido releyéndola con diferentes miradas, entendiendo sus muchas capas, y de ahí salté al resto de su obra", explicó hoy Iturbe en conversación con dpa y un pequeño grupo de medios. "Es un libro que ha hecho mucho bien y mucho mal", porque ha opacado otras de sus grandes obras como las autobiográficas "Vuelo nocturno" y "Tierra de hombres", en las que Saint-Exupéry recoge muchas de sus anécdotas como piloto.

En la Francia de los años 20, este alférez procedente de una familia aristocrática venida a menos y a quien sus amigos conocían como Tonio se unió a la aerolínea francesa Latécoère -que más tarde se convertiría en Aéropostale y Air France-, con la misión de llevar el correo a su destino. Allí entablará amistad con los pilotos Jean Mermoz y Henri Guillaumet, quienes, como él, se convertirán en pioneros abriendo nuevas rutas en África y Sudamérica.

"En aquel momento, ser piloto equivalía a una enorme valentía", cuenta Iturbe rodeado de los históricos aviones que alberga la Fundación Infante de Orleans en las afueras de Madrid. Allí, ante biplazas de madera y cazas como el soviético Polikarpov I-16, conocido como "Mosca" o "Rata" según el bando que se refiriera a él durante la Guerra Civil Española, el autor subraya cómo estos hombres se "jugaban la vida con una naturalidad de oficio". Un oficio en el que, apunta, "casi nadie se hacía viejo".

Saint-Exupéry comenzó transportando el correo de Toulouse a Senegal, estuvo destinado en Marruecos y más tarde en Argentina, donde conoció a la que sería su mujer, la salvadoreña Consuelo Suncín. Aquellos vuelos sobre las dunas del desierto, sus aventuras en Sudamérica y los accidentes que llenaron su cuerpo de cicatrices se entrelazan en "A cielo abierto" con los conflictos políticos de la turbulenta Europa que le tocó vivir, sumida en una guerra que también marcó su final el 31 de julio de 1944.

"Quiero creer que no se suicidó, no casa con su filosofía de vida ni su entrega a los demás", apunta Iturbe sobre el misterio que aún rodea la muerte del célebre escritor, que partió de Córcega en una misión de reconocimiento de la que no regresó. En aquel entonces, la aviación había avanzado ya mucho, por lo que un accidente en pleno vuelo tampoco le parece la hipótesis más probable. "Yo me decanto por la idea de que lo derribaron los nazis. Y quiero creer que cuando vio llegar aquel caza alemán, no sintió pánico, sino que aceptó la muerte con naturalidad", añade.

Saint-Exupéry decía que escribir es una consecuencia de lo vivido, y su obra desprende el aroma de este amante del riesgo que vivió "aventuras increíbles", pero también del hombre inseguro que con 40 años "escribía a su madre como si fuera un niño" y mostraba una enorme necesidad de sentirse querido, señala Iturbe. Además, si algo demuestra "A cielo abierto" es que "nuestro propio confort, nuestra búsqueda de seguridad, es también lo que nos encierra". Saint-Exupéry y sus amigos murieron jóvenes, "pero tuvieron vidas extraordinarias”.