En crisis económica generada por la pandemia, iniciaron las negociaciones para determinar el salario mínimo –referencial de contratos laborales colectivos e individuales- para el próximo año 2021.

De 1992 a 2016 el promedio de incremento salarial anual fue 2.39 pesos y, con inflación acumulada anual, de los años setenta del siglo pasado a 2016 resultó en pérdida del poder adquisitivo de -68.57%; es decir, si en 1970 con 100 pesos se compraban igual número de mercancías con precio de 1.00 peso, en el año referido con los mismos 100 pesos sólo se adquirieron 31.43 productos.

Lo anterior tiene historia. Para corregir la crisis de 1982, al inicio del gobierno de Miguel de la Madrid se firmó el Pacto de Solidaridad, con compromisos del gobierno, empresas y sindicatos oficiales: reducción del gasto público, no elevar precios de bienes y servicios y no aumentar el salario mínimo más allá de las proyecciones de inflación del año siguiente, compromiso éste que permaneció 34 años.

El reducido salario también fue moneda de cambio en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, ya que fue y es ventaja comparativa para atraer inversiones directas con menos costos laborales para precios competitivos en el mercado internacional.

De hecho, el diferencial salarial es abismal entre Estados Unidos y Canadá respecto a México; en 2019, en el primero y el segundo países en promedio la hora se pagó en 144.83 y 167.28 pesos respectivamente y en nuestro país en 12.83 pesos.

Estrictamente no es falacia teórica de corto plazo anclar el salario a la inflación proyectada anual, pero desafortunadamente no se actualizó el incremento paulatino de remuneraciones, manteniendo preminencia laboral con el sector externo, pero sacrificando a la mayoría de las familias mexicanas.

En 2017, la Comisión Nacional de Salarios Mínimos accedió a incrementar el salarió en 9.58% (7.00 pesos), en 2018 fue 10.39% (8.32 pesos), ya con el actual gobierno federal en sólo dos años el crecimiento fue 36.02% (34.66 pesos), lo que no impactó el nivel de precios, ya que en promedio la inflación fue 5.8% en los dos primeros años señalados y 3.40% promedio estimada en los dos recientes.

Además, aunado a las remesas de mexicanos en el extranjero y a transferencias en programas sociales (más de 300 mil millones de pesos), en este año de contingencia sanitaria la ampliación del ingreso laboral ha contribuido a la recuperación del consumo: después de una caída de menos -17% en marzo de este año, según la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio  y Departamentales en octubre sus ventas acumularon casi 20% de recuperación;  por su parte, las compras en tiendas de abarrotes aumentaron 6.8 por ciento durante octubre, en comparación con igual mes del año pasado.

La decisión del aumento del salario mínimo en 2021 tiene dos consideraciones operativas: empresas y negocios han sido muy mermadas por la pandemia, así requieren financiamiento y tiempo para recuperarse; pero por otra parte se debe impulsar el consumo como componente de la demanda agregada, para dinamizar el mercado interno, para, en su justa dimensión, impulsar el crecimiento económico (perspectivas negativas ubicaban la caída en -20%, ahora la sitúan alrededor de -9% y en tres meses pasados ha tenido relativa recuperación).

Para una familia de cuatro integrantes, con el salario mínimo actual de 123.22 pesos diarios se adquiere poco menos del 60% sólo de la canasta básica; 188 pesos sería el mínimo para adquirir la canasta alimentaria completa, lo cual progresivamente debe ser el objetivo.

Con proyección inflacionaria de 4% el próximo año, el gobierno federal propone aumento salarial de 15%; el ingreso referencial mínimo podría ubicarse en un rango de 130 a 140 pesos, para continuar paulatinamente por la senda de la justicia laboral, pero sin provocar incremento del nivel de precios que distorsione y obstaculice la recuperación económica.