La inflación ascendente del año pasado y el incremento en tasas de interés para contener tanto el tipo de cambio y el mismo nivel de precios, así como la reducción del ingreso agregado, se reflejan negativamente en los hogares mexicanos. Lo anterior se puede verificar en el nivel de cartera vencida de créditos otorgados por la banca comercial a las familias, que son préstamos al consumo inmediato y mediato –que incluye tarjeta de crédito-, personales y de nómina, los cuales ahora, según el Banco de México, han tenido retroceso en los pagos respecto al mes de marzo de 2017.

A marzo de este año la cartera vencida en créditos al consumo se situó en 32.16 mil millones de pesos, con incremento de 17% respecto al mismo mes de 2017, y el no pago en créditos por vivienda ascendió 13%, esto es 18.68 mmdp, mientras que el salario se incrementó 1.3% menos que la inflación, que cerró en 6.77% anual. La diferencia escandalosa de tasas de interés ahorro-crédito en mucho contribuyen a esto.

Pero las variables señaladas confluyen a que el bienestar de las familias se ha mermado.  Con datos de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD), de 2005 al 2015 las compras al por menor tuvieron un leve crecimiento de 0.92% promedio anual, esto con la reforma laboral ya en operación que flexibilizó los contratos, pero aún sin depreciación acentuada y sin aceleración inflacionaria.

Pero la situación señalada no es por generación espontánea, sino que dicha realidad tiene una explicación. En los mismos años señalados, con datos de INEGI y Secretaría del Trabajo,  a nivel nacional las tasas de crecimiento promedio anual de estratos de salarios mínimos (s.m.) mensuales tuvieron el siguiente comportamiento: hasta un s.m. 1.14%; más de uno hasta dos s.m. 2.73%; más de dos hasta tres s.m. 2.58%; y más de tres hasta cinco s.m. -0.32%.

Resultado de la promoción económica e incremento de la inversión extranjera directa, hasta junio de 2015 para Coahuila los datos anteriores relativamente son más favorables: hasta un s.m. -2.91; de uno hasta dos s.m. 1.49%;  de dos hasta tres s.m. 5.86%; pero de 3 a 5 s.m. el crecimiento promedio sólo es de 1.38%; un dato adicional es que de más de cinco s.m. el crecimiento es negativo en -0.76%.

Lo más probable es que la reducción del ingreso agregado se haya acentuado en los dos últimos años. El Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico reveló que 14.1% de la población ocupada recibe hasta un s.m. mensual (7.4 millones de personas), además la clase media baja se incrementó, ya que en el año 2005 4.5 millones de personas percibían cinco s.m., en 2017 esta cifra se redujo a 2.4 millones de personas.

Por reducción de costos y precios competitivos, la disminución salarial es reflejo natural de la productividad y competitividad en el sistema económico, pero si a esto añadimos la elevación no planeada del nivel de precios, entonces la pérdida del poder adquisitivo tiene un efecto negativo en la demanda agregada (mercado interno) y en el bienestar personal y familiar.

En treinta años en nuestro país la contención y la reducción salarial han sido ancla para  contener la inflación, pero también ha sido y es estrategia para orientar la economía al mercado externo, no en balde tanto sindicatos como los gobiernos de Canadá y Estados Unidos señalan que la ventaja competitiva de menores salarios en México ha afectado su nivel de inversión directa. Más aún, algunos sectores empresariales locales plantean la necesidad de elevar el ingreso para fortalecer el mercado interno.

Por el bien de las familias mexicanas y para dinamizar el crecimiento económico (2.2% promedio en 30 años) es necesario pensar y repensar estrategias para incrementar el ingreso agregado. En las campañas para la elección presidencial de este año se debe contemplar efectivamente el bienestar de la sociedad. Ya no más de lo mismo.