Un saltillense ganó recientemente la medalla de oro en una competencia dificilísima. Se trata del Campeonato Mundial de Karate do Shito-ryu, modalidad de Kata (forma), celebrado en su país de origen, Japón, y entre los mejores karatecas del mundo.

Hace 44 años el joven Toshiaki Nogiwa, a la edad de 23 años, ganaba la medalla de oro de esa especialidad nada menos que en Tokio; era el 22 de junio de 1975. El triunfo lo avivó y representó para él un reto personal. No podía quedarse así nada más, ¿qué debería seguir al triunfo? No tengo certeza de qué es lo que pasaría por su cabeza, pero emprendió un viaje a América como para situarse en un ambiente de desafío. Al parecer no venía a México y mucho menos a Saltillo, pero de alguna manera pasó por aquí y (¡oh, musas que interfieren la vida de los hombres!) un buen día vio pasar a una joven profesora güerita, guapa, Alicia Valdés, de la sierra de Arteaga, por supuesto. Y Toshiaki dijo para sí: “de aquí soy”, y se casó con ella y se hizo saltillense sin darse cuenta porque tengo entendido que el reglamento de la ciudad considera “saltillense” a quienquiera haya vivido en Saltillo por más de cinco años.

Toshiaki montó una escuela de karate que ha dado buenos resultados. Diré uno, el último: al campeonato mundial 2019 llevó a uno de sus alumnos, el joven Fernando Ponce Valdés, de 18 años, estudiante de Odontología de la UAdeC. Y ganó el tercer lugar, únicamente superado por dos japoneses (pero hubo participantes de muchos países).

Nogiwa es invitado constantemente a fungir como juez en competencias: ha ido a Buenos Aires, Guatemala, San Francisco, Colombia, Venezuela, Chiapas y otros muchos lugares. Hay escuelas que llevan su nombre.

Dije antes que ganó la medalla de oro a los 23 años. Pues la volvió a ganar ahora en otra categoría, evidentemente, con 66 años de edad. Fue el mejor y muy aplaudido; claro que se llevó buenos golpes de adversarios más altos, pero los venció. Al pasar a recoger la medalla se puso su chaqueta que decía México –en español y en japonés– y declaró ante los asistentes: “no competí por Japón, competí por México”.

La segunda parte del título de este artículo dice “Japón en Saltillo” porque en la Feria del Libro de Coahuila se ha señalado que es el país invitado. Esto es importante, es una oportunidad que tal vez no se repita. Podremos escuchar a Yasuaki Yamashita, nacido en Nagasaki en 1939, que sufrió la terrible experiencia de la bomba atómica a los seis años y sobrevivió. Tendremos la oportunidad de conocer algo de la poesía japonesa por boca de Koji Ando acompañado por un mexicano, considerado el mejor traductor de japonés, Aurelio Asiain. Sabremos de la migración japonesa en México relatada por Shinji Hirai.

Habrá talleres de arte floral y caligrafía japonesa. Se montará la obra de teatro “Katsumi y el dragón”. Etcétera. Y, por parte de Coahuila, tendremos la charla de Melecio Mendoza, cronista de Las Esperanzas, con “Migración japonesa en Las Esperanzas, Coahuila, desde 1900”.

Muchos otros eventos se presentarán en la FILC y hay que aprovecharlos. Vienen intelectuales de nivel de otros estados acompañados por no pocos coahuilenses que han destacado. Como siempre, se trata de escuchar y participar.

No olvidemos que la Feria es un mercado de libros, cosa que nos viene bien porque nos ofrece obras que no se consiguen en Saltillo. Editoriales raras y autores de los que oímos hablar, pero que no encontramos en plaza.

Se ha insistido en que los mexicanos no leemos y es una afirmación que se ha estado echando abajo. Durante años se declaraba ex cátedra que leíamos menos de un libro por persona al año. Estuvimos un poco abajo o un poco arriba de Haití, lejos de Argentina, Uruguay y Chile. Cierto, pero no es para darnos cintarazos en la espalda pidiendo perdón por tamaña ignorancia. Ahora, especialistas afirman que hemos pasado tres volúmenes anuales. Tampoco es para echar las campanas al vuelo; significa que subimos 200 por ciento.

Falta saber la calidad de nuestras lecturas y autores. En especial saber si no leemos libros de monitos en vez de García Márquez. Leí que cuando Vargas Llosa entrevistó a Ronald Reagan éste le confesó que no había leído ni un solo libro en su vida, sólo comics de vaqueros. Todo un récord para un presidente de la nación más poderosa; a lo mejor Donald Trump lo supera. Nuestro Peje sí lee.