Es una buena noticia que se nos informe de la inexistencia de percances viales con víctimas fatales en un período largo, pues algo se hizo bien

Nuestros gobernantes, lo sabemos bien, tienen una fuerte propensión a adjudicarse el mérito de cualquier cosa positiva que ocurre a nuestro alrededor y -al mismo tiempo- culpar a todo mundo de los yerros que cotidianamente aparecen como signo distintivo de la actividad pública.

La razón de tal propensión es simple: quienes nos gobiernan tienen como propósito fundamental pasar a la historia -de forma grata, por supuesto- y por ello buscan incesantemente rutas para que en nuestra memoria perdure una imagen positiva de su actuación al frente de la comuna, la entidad o el País.

Por ello, cada vez que los gobernantes pretenden convencernos de que es el trabajo por ellos realizados el que ha obrado el “milagro” de que tal o cual cosa suceda, los ciudadanos debemos tomarlo con calma y realizar un intento serio por analizar las cosas con objetividad.

El comentario viene al caso a propósito de la ponderación que ha realizado el presidente Municipal de Saltillo, Isidro López Villarreal, en ocasión de su Segundo Informe de Gobierno, a propósito del hecho que durante medio año no se ha registrado un sólo percance vial con víctimas fatales en la ciudad.

De acuerdo con el Munícipe, tal hecho es producto de la implementación -realizada por su Gobierno- del programa de “fotomultas”, mediante el cual se vigila que los automovilistas no circulen a exceso de velocidad en algunas de las principales arterias de Saltillo.

¿Es atribuible a la colocación de cámaras con radar la disminución de los percances mortales en la capital coahuilense? Resulta difícil responder de forma rápida a la pregunta y decir un “sí” o un “no” de forma tajante sin antes realizar un análisis mínimo del asunto.

Es preciso decir ante todo, por supuesto, que siempre es una buena noticia que se nos informe de la inexistencia de percances viales con víctimas fatales en un período largo, pues algo relevante se habrá hecho para que tal resultado se obtuviera y ese “algo” tendría que ser mantenido -y eventualmente mejorado- para sostener el buen resultado en el tiempo.

En esa misma línea habrá que reconocer que algo habrá contribuido el programa de fotomultas a esta modificación en el índice de accidentes viales, pero valdrá la pena averiguar con precisión de qué tamaño es la contribución antes de echar las campanas al vuelo y adjudicar a dicho programa el mérito en forma acrítica.

Porque una simple observación elemental obliga a ser cautos en el diagnóstico: las cámaras de las “fotomultas” se encuentra apenas en un porcentaje mínimo de la superficie de circulación vial de la ciudad y, a menos que el 100 por ciento de los accidentes ocurridos con anterioridad se hubieran registrado en dichas zonas, resulta aventurado afirmar que todo el mérito es de los radares y las cámaras.

No se trata de restar mérito a la iniciativa del Ayuntamiento. Se trata de llamar la atención respecto de la necesidad de ser objetivos en el análisis y, sobre todo, en las conclusiones que se plantean como explicación a fenómenos tan importantes como el hecho de que no tengamos accidentes fatales.