Dicen que todo tiempo pasado fue mejor, una frase tomada de las coplas fúnebres del poeta medieval Jorge Manrique y que tiene que ver con la muerte, lo cual nos lleva rápidamente a concluir que en efecto el pasado de todos los muertos fue mejor que su presente, aunque se diga que ahora sí descansan en paz, cosa a la que nadie quiere llegar. Por eso mismo el pasado de Saltillo, al menos el de hace una década, no puede ser mejor que el presente, porque hace diez años nuestra capital estaba agobiada por balaceras, ejecuciones, muertos colgando de los puentes, decapitados y desaparecidos, lo cual nos lleva a corregir el dicho de que todo tiempo pasado fue mejor.

Nos basta con ver en la hemeroteca la nota roja del Saltillo de hace diez años para sopesar el infierno en que vivíamos. Los jóvenes que hoy son veinteañeros en ese tiempo eran niños de primaria y tenían que tirarse al piso de sus salones al escuchar las ráfagas de ametralladoras.

El 4 de marzo del 2011, por ejemplo, CNN reportaba “Caos total en Saltillo por una balacera”. El enfrentamiento entre fuerzas de seguridad y delincuentes sucedió en pleno mediodía y en distintas vialidades de la capital. Muertos, vehículos quemados, policías heridos en pleno centro de la ciudad.

El 17 de diciembre de ese mismo año se dio otro enfrentamiento en la calle de Francisco Coss que culminó en la prolongación Álvaro Obregón con nueve delincuentes abatidos y un policía muerto y otro herido. La periodista Alma Gudiño, corresponsal del grupo Imagen, reportaba el 7 de diciembre del 2012, en el Excélsior, el hallazgo de cuatro cuerpos colgando de un puente en el distribuidor vial “El Sarape” y, en el mismo lugar, tres cuerpos encajuelados en un automóvil Dodge. Fatídica secuela de Felipe Calderón a sólo siete días de haber concluido su mandato sangriento, un asunto ajeno a Peña Nieto y a los gobiernos municipal y estatal de esa época.

Y así podemos ir consultando fechas y constatar que el pasado reciente de Saltillo no fue de lo mejor, y que nos perdone el poeta Manrique, sino que fue una pesadilla a la que por nada queremos regresar.

Hoy Saltillo se encuentra ubicada entre las cinco ciudades más seguras de México, un lugar donde se puede vivir en paz y tranquilidad, donde se han abatido los índices delictivos y las muertes violentas ya son un mal recuerdo del sexenio de Felipe Calderón.

Y en esto hay que reconocer la intervención de las autoridades estatales y municipales, las que poco a poco fueron recuperando la ciudad de manos de los delincuentes, de sus leyes de facto, de su flagrante impunidad.

La participación ciudadana también ha sido un factor importante en la recuperación de la ciudad. Es en esta gestión municipal del alcalde Manolo Jiménez Salinas en que se ha involucrado más a la ciudadanía en temas de protección de su hábitat a través de los Comités Ciudadanos de Seguridad, donde se encuentran integrados 28 mil habitantes de las distintas colonias en contacto directo con la Comisión de Seguridad y Protección Ciudadana, un eslabón de vida en nuestra comunidad.

Lo anterior, aunado al involucramiento de cada colonia en el programa de Presupuesto Participativo, con el que los colonos eligen las obras a realizar en su vecindario, se configura el gobierno más ciudadano en la historia de esta ciudad. Bien por Saltillo.