Foto: Vanguardia/Omar Saucedo
San Juan de la Vaquería busca a través de la familiaridad y la cercanía establecerse como el vino de la región sureste del estado
"El mercado del vino es muy competido, cuando llegas a un anaquel de un supermercado ves muchas marcas, entonces primero queremos darla a conocer aquí en Saltillo, que la gente lo conozca y se sientan identificados con el, que lo vean como el vino de casa”
Gerardo Aguirre

Treinta y seis kilómetros al suroeste de Saltillo se encuentra San Juan de la Vaquería, un ejido que aunque se caracteriza por la crianza de ganado, resguarda en su interior un proyecto vinícola joven propuesto por una familia dedicada al cultivo de la vid coahuilense.

Se trata de los Aguirre,  familia encargada del único viñedo dentro del municipio; aunque su principal actividad hace unos años era el cultivo y la cosecha de nogales y nuez, desde 2008 comenzaron a introducirse en el mundo de la vitivinicultura.

Su casa, el edificio principal que formaba parte de una hacienda, mantiene hoy gran parte de su estructura original y herramientas antiguas de agricultura que datan de los años 1500, es el sitio donde nos recibió Gerardo Aguirre, hijo de Gerardo Aguirre Flores, dueño del viñedo.

“Mi papá empezó desde hace unos  40 años como agricultor, desde que estaba en la universidad se dedicó a las hortalizas y después estuvo en la ganadería. Más adelante se dedicó al nogal. Yo he estado aquí desde muy niño ayudándole, pasé aquí mi infancia junto con mis hermanas”, señaló Aguirre.

Mientras Gerardo y los nogales seguían creciendo, don José Milmo, dueño de Casa Madero, comenzó una búsqueda de nuevas tierras en distintas regiones que por azares del destino lo llevó al ejido ganadero, interesándose así en adentrar a los Aguirre en el mundo de la viticultura.

“Nosotros no teníamos idea de la uva, no conocíamos casi ni la planta, entonces ellos nos apoyaron con la primera hectárea y fue así como comenzamos, nos han apoyado siempre en todo”, añadió.

Cuando esto sucedía Gerardo se encontraba a mitad de la carrera, ya que estudiaba Ingeniería Agrónoma en el Tecnológico de Monterrey y en ese momento decidió enfocar sus estudios en los frutales para poder aportar al naciente negocio al que hoy se dedica enteramente.

“Aprendimos cómo plantar, cómo darle formación a la planta y cómo atenderlas hasta el momento de la cosecha  hasta el momento. Desde antes de la muerte de don José y hasta hoy con sus hijos Daniel y Brandon, nos mantenemos en contacto cercano con Casa Madero”. aseguró.

Tras ya varias cosechas, sus superficies se han desarrollado bien, su vino comienza a establecerse en los paladares saltillenses y antes de su muerte Milmo les aseguró que “ya teníamos el vino de casa”. 

El terroir de San Juan

El ejido de San Juan de la Vaquería se encuentra a una altura de 1800 metros sobre el nivel del mar, lo que provoca días muy cálidos y noches frescas permitiendo a la uva madurar más lento y concentrar así los mejor sabores y los azúcares.

Junto a los nogales se encuentra el viñedo de 13 hectáreas donde cultivan 6  de uva cabernet sauvignon, protegida con malla para evitar las inclemencias del granizo y los animales, y aunque los coyotes se escabullen y las aves logran picar algunas uvas, el fruto se mantiene saludable y pequeño.

Las plantas cuentan con un sistema de riego que optimiza el uso del agua y ayuda a mitigar los efectos del calor, así las uvas no sudan y mantienen sus propiedades hasta la vendimia.

“Tienen un color muy intenso gracias a que la uva no crece mucho. Nosotros cuidamos la producción para no tener demasiada uva, lo controlamos así para dar siempre una uva de buena calidad”, explicó Aguirre.

Tras cada temporada de cultivo las vides van dando lo mejor de sí y aunque, como el mismo Aguirre señaló, éstas alcanzan su punto ideal a los 20 años, las plantas han sabido adaptarse a las superficies y desarrollarse correctamente.

“Nuestra primera cosecha fue en 2010 y tuvo muy poca producción porque la planta apenas va agarrando el tamaño, se va desarrollando. La primera que se comercializó fue en 2013”, explicó.

En 2015 una intensa granizada de esas que repentinamente llegan a Saltillo provocó que se perdiera casi la mitad de la cosecha, por lo que nuevamente los resultados no fueron muy numerosos.

Sin embargo éste año están cercanos a realizar la vendimia 2016, que en esta ocasión además del cabernet, será su primera cosecha de 7 hectáreasde merlot.

Foto: Vanguardia/Omar Saucedo

De manos saltillenses

En quietud y orden las uvas reposan adecuadamente en sus plantas mientras algunas muestras se envían para ser analizadas para establecer en qué momento pueden ser recogidas y enviadas a producción. La espera, tanto de la uva como de la nuez es velada por un equipo de 6 personas que cumplen la meticulosa labor de resguardar su crecimiento.

“La planta es muy demandante, requiere de mucha mano de obra delicada. Todo el trabajo desde la poda en invierno se hace con mucho cuidado porque desde ese momento estás estableciendo cómo van a ser tus resultados ese año”, aseguró Gerardo.

Durante todo el año la uva exige podas constantes, selecciones de racimos precavidas y otros procesos que los trabajadores conocen a la perfección.

“Saben de la planta, del porqué de las cosas, siempre tratamos de que sepan lo que están haciendo, así ellos lo realizan con la delicadeza y los cuidados necesarios”, dijo.

Cuando llega el momento de la vendimia los viñedos se abren para el resto del pueblo que acude a realizar la cosecha desde muy temprano por la mañana hasta que el sol apenas toca el cielo de Saltillo. 

Foto: Vanguardia/Omar Saucedo

“Paramos y continuamos hasta el día siguiente para que la uva no se caliente, que se mantenga muy fresca y así no sufra estrés. También viene mucha gente de Parras y de poblados cercanos. Son días muy activos, llenos de gente”, explicó.

El agradecimiento al poblado que conforma San Juan de la Vaquería es el motivo por el que hasta el momento la etiqueta lleva su nombre, el de un pueblo mucho más antiguo que Saltillo y una tradición imborrable. 

“Es una historia muy larga; forma parte del marquesado de Aguayo y pasó a la familia de los Sánchez Navarro. Este era un sitio de reposo entre el trayecto de México a Texas cuando se transportaban mercancías. Aquí se intercambiaba ganado y se reponían a las mulas porque el pastizal era abundante y el agua de mucha calidad”.
Además el diseño de la etiqueta está hecho por el pintor local Marco Gómez, quien respetó la estructura de la iglesia que se ubica junto a la “casa grande”, sitio icónico de la amplia historia de aquel sitio. 

Mientras crece, mientras se hace, mientras se disfruta 

Para Gerardo Aguirre y su familia es invaluable la oportunidad de poder disfrutar todas las etapas por las que atraviesa su árduo trabajo: desde la siembra hasta el paladar ellos atraviesan el momento cumbre, la reacción de la gente. 

“En cada copa está la expresión de la tierra y de todo el trabajo hasta el momento de servirlo en un restaurante o una comida. Toda la historia que conlleva una copa tú la sabes y se la puedes contar al cliente, ha sido muy bonito poder ver cómo ha gustado aquí en Saltillo”. 

“Los restaurantes nos lo piden mucho, esperamos que así siga tratando de cuidar en lo que a nosotros respecta la calidad de la fruta para que los enólogos en Parras tengan siempre materia prima de la mejor calidad”, finalizó. 

Descripción: 

Se trata de un vino con un intenso sabor afrutado y una ácidez refrescante. Bajo el cuidado del enólogo Francisco Rodríguez, el vino es producido en Parras dentro de las bodegas de Casa Madero, reposado en barricas de roble francés y americano durante 12 meses.

Con una producción común de 7 mil botellas al año, San Juan de la Vaquería es un vino que se distribuye a nivel local y que ya se encuentra en algunos restaurantes de la ciudad. 

Su intención, además de la calidad es hacer a la gente sentirse cercana a la marca que se produce tan cerca de ellos. 

San Juan  de la Vaquería 

Variedad: 

100% Cabernet Sauvignon 2014

Composición: 

12.7° grados de alcohol 

Presentación: 

750 ml 

Temperatura: 

17° a 19° grados

Foto: Vanguardia/Omar Saucedo