Conocí hace algún tiempo en Monterrey a un excelente actor apellidado Sancho, y que solía fungir también como maestro de ceremonias.

Cuando se presenta a sí mismo dice:

 -Me apellido Sancho.

 Y repite luego:

-Sancho, a sus órdenes.

Y es que la palabra “sancho”, según es bien sabido, se usa en lenguaje popular para aludir a aquel que en lenguaje culto es llamado “mancebo” o “querido”, es decir el hombre que se refocila con la mujer ajena en ausencia del esposo. Al marido que sufre tal agravio se le nombra “cornudo” en lenguaje vulgar. En lenguaje culto se le llama peor: “cabrón”, palabra que el diccionario de la Academia define como “El casado con mujer adúltera”. En ocasiones el lenguaje culto es menos culto que el vulgar.

Me preguntó aquel actor cuál es el origen de la palabra “sancho” usada para designar al que entra cuando el marido sale. No se lo supe decir. El diccionario dice que “sancho” significa “puerco, cerdo”. Habrá que relacionar la voz con “chancho”, americanismo proveniente de “sancho”, y que se aplica al puerco, sucio, desaseado. Si por eso se llama sancho al mancebo de la mujer casada entonces el vocablo me parece duro. Pero no: en el folclor el sancho es un personaje al que se ve con simpatía. También el sancho es el animal macho criado por una hembra que no es su madre. Aquí nos acercamos algo al significado coloquial de “sancho” en el sentido adulterino.

Curiosamente he encontrado la palabra “sancho” usada no para designar al amante, sino al marido engañado. Así la emplea Whitt E. Brondo, autor de un curioso libro intitulado “Regiomontana”, publicado en 1937: “... Los sanchos dicen en Nuevo León a los cabros mansos, amaestrados para servir de guías al hato. Los sanchos no entran en el redil: se quedan libres... Pese a la bravura de los reyes navarros, en Nuevo León se designa por sancho todo animal manso y domesticado... Con esto ponemos punto final a nuestra digresión, anotando de paso que cuando un marido llega a la categoría de sancho es porque ha reunido múltiples y esclarecidos merecimientos...”.

En el lenguaje de la picaresca el sancho es el amante de la mujer casada.

Sin embargo para merecer verdaderamente el nombre de sancho debe cumplir su oficio en la propia casa del marido. Parece que esa circunstancia especial es lo que caracteriza al sancho. Si ejerce su actividad en un motel, o en su propio domicilio, o en el departamento de un amigo, entonces podrá llamarse solamente “amante”, pero nunca “sancho”.

El sancho, ya se dijo, es el que entra cuando el marido sale, y hace sus veces en el propio sitio del ausente. Por eso en Sonora el sancho es llamado “patadelana”, porque entra con pasos silenciosos, sin ser sentido nunca.

El término “sancho” aparece en varios gracejos populares, como el de aquel señor que al oír hablar de la abundancia de adulterios decía muy preocupado:

-No cabe duda: el pueblo se está ensanchando.

La palabra “sancho” está en francas vías de desaparición. Ahora el sancho ya no se llama así. Ahora al sancho se le llama “el pendiente”. Por eso si una esposa le dice a su marido: “Avísame a qué horas vas a llegar hoy en la noche, para no estar con el pendiente”; entonces el señor ya sabe a qué atenerse.