Quizá ahora exista más de un arrepentido en Los Pinos al recordar el invierno de 2015, cuando el gobierno Peña Nieto tuvo a la mano argumentos sólidos para despedir e incluso encarcelar a Santiago Nieto, el titular más incómodo para el oficialismo que haya tenido la fiscalía federal electoral en sus 23 años de vida.

Un espinoso episodio en el desempeño de Nieto Castillo, dotado de un olfato político que le permite desempeñarse en el filo de la navaja, provocó el viernes pasado su cese sumario, tras revelar la existencia de una indagatoria sobre financiamiento ilegal en la campaña presidencial de 2012. Ello dota de nuevo cariz a la salida del anterior procurador de la República, Raúl Cervantes, y hace que su relevo, Alberto Elías Beltrán, encare un cuestionamiento moral y político por ser un funcionario interino que destituye a otro designado por el Senado.

En la compleja historia de aquel 2015, el fiscal Nieto Castillo (que había asumido el cargo nueve meses atrás) fue requerido judicialmente bajo los cargos de revelar contenido de una pesquisa federal y violar el debido proceso, al anunciar públicamente (https://goo.gl/5Z7UmQ), el 25 de noviembre, haber solicitado a un juez orden de aprehensión contra Arturo Escobar, dirigente del Partido Verde y, en ese momento, subsecretario de Gobernación, con lo que encarnaba la alianza entre su partido y el gobierno federal.
Arely Gómez, quien había asumido la PGR en marzo anterior, tuvo por este tema un encontronazo político con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, en cuyo círculo cercano se dijo que la procuradora argumentó haber sido engañada por el fiscal electoral. Acaso por ello le inició una causa penal, tras denuncia específica del senador Pablo Escudero, del Partido Verde, que condujo el visitador general de la procuraduría, César Alejandro Chávez.

Fuentes cercanas al caso dijeron a este espacio que el embrollo se resolvió con una negociación dentro y fuera de la PGR, que obligó a Nieto Castillo a virtualmente desistirse ante el juez, quien en diciembre de ese 2015 negó el arresto contra Arturo Escobar. Éste, sin embargo, había renunciado apenas iniciada la crisis. Su cargo en Gobernación le había merecido un desprecio unánime entre la sociedad civil. Hoy es gestor de Genomma Lab, el laboratorio de medicinas chatarra.

No era el primer episodio en el que el fiscal Santiago Nieto se confrontaba con el gobierno. En diciembre de 2011, como presidente de la sala federal electoral en Toluca, impulsó la anulación de las elecciones en Morelia, donde había ganado el PRI, lo que puso bajo tela de duda el triunfo ese año del aspirante a gobernador de Michoacán, el priísta Fausto Vallejo.

Entre las irregularidades destacadas por Nieto entonces figuró que el boxeador Juan Manuel Márquez se presentó a una pelea portando un calzoncillo con el emblema del PRI. El triunfo en Morelia se le retiró al priísta Wilfrido Lázaro, que había competido contra el panista Marko Cortés, actual coordinador blanquiazul en San Lázaro. En comicios extraordinarios en 2011 y con los mismos contendientes, el PRI volvió a ganar, incluso con mayor ventaja.

El ahora defenestrado fiscal Santiago Nieto es originario de Querétaro, donde pertenece a una dinastía de políticos que han ocupado en diversas ocasiones la alcaldía de San Juan del Río, lo que incluye a su padre, Jaime Nieto Ramírez; a un tío y a un primo. Ello le permitió cercanía con el ex gobernador priísta José Calzada, quien apoyó que su hermana, Gloria Nieto, lograra ser magistrada electoral estatal.
Se graduó con honores en la Universidad Autónoma de Querétaro, para luego hacer lo mismo con un doctorado en la UNAM, donde topó con su padrino político: Jaime Cárdenas, el aguerrido ex consejero electoral que fue cercano al PRD y ahora milita en Morena. Bajo esa inspiración Nieto se apasionó de los temas electorales. Del brazo de su profesor conoció los pasillos del poder en la Ciudad de México, con Cuauhtémoc Cárdenas y Rosario Robles. Fue asesor de su maestro en el IFE por tres años (1988-2000), y otros tres jefe de asesores de su esposa, María de la Luz Mijangos, contadora mayor de Hacienda en la Asamblea capitalina. Con esos apoyos, pero sin duda también por mérito propio, construyó una carrera judicial que lo llevó al cargo del cual fue echado el viernes, episodio que tendrá nuevas facetas si el Senado intenta revertir ese hecho.

Para ello quizá Santiago Nieto eche mano de dos relaciones que construyó desde la época en la que fue un joven asesor en el IFE. En las mismas tareas conoció a Lorenzo Córdova, al lado de José Woldenberg, y a Roberto Gil Zuarth, con Alonso Lujambio. El primero preside hoy el INE, y el segundo es el segundo senador más poderoso.

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