Sobrecargada de información y opiniones, la sociedad contemporánea debe hacerse cargo, con cada vez mayor atingencia, de valorar y extraer de ella lo que pueda realmente casar con la realidad.

Si no es el presunto fallecimiento de un personaje conocido, es la forma en que se operó tal o cual asunto; son los entresijos de un tema o la manera en que se desarrollará tal o cual evento.

A ello agregamos los discursos hechos a modo, con argumentos sesgados: el ciudadano común y corriente tiene ante sí descubrir el origen de la madeja mediante una persistente búsqueda o quedarse con la información tendenciosa.

Contribuyen en la confusión general todos aquellos que no se permiten cambiar de opinión pese a que la realidad desmorone cualquier argumento.

Así, por ejemplo, la rifa del avión presidencial, que tanto material sigue dando para mofarse de él por lo estrafalario de la idea, de inmediato colocó en posición a los defensores de cualquier decisión tomada desde la presidencia.

Pronto, se sumaron a los adeptos a la idea presidencial, sin pensar en lo absurdo de la medida, en lo ofensivo en un país como el de México que tantas carencias tiene y que no han sido subsanadas.

El país no va a vivir de ocurrencias, mientras que, por otro lado, y en sentido verdaderamente preocupante, a los estados se les amenaza con no dar el dinero que corresponde si no se inscriben al aún precario sistema del Instituto Nacional para el Bienestar Social.

Ha dicho el presidente que requiere tiempo para cumplir sus metas. De acuerdo a una crónica de sus reseñas y sus dichos, ofrecida en el otrora no oficial Canal Once, si no tiene tiempo para terminar el Tren Maya, entonces dará marcha atrás al proyecto.

Más bien, ¿no será que ahora sí está avizorando el problema en que se metería con las comunidades indígenas y las sociedades proteccionistas del medio ambiente si continúa adelante con este capricho?

Capricho también fue el aeropuerto de Santa Lucía, cancelando el de Texcoco. Y desastre, el haber eliminado el apoyo a las guarderías para niños de escasos recursos.

Pero siempre hay un modo de decir las cosas y de, en una sociedad sobrecargada de información, imponerse.

A esta sociedad lo que le queda en verdad es informarse por todos los medios y no atenerse en exclusiva a una sola fuente. Justo en esa sobrecarga de la que hablamos, pero abrevando de fuentes que entre sí se complementen y se confrontan.

Una sociedad no informada es una sociedad en penosa parálisis, fácilmente manipulable y víctima propicia de la demagogia.

ACCIDENTES, MÁS ACCIDENTES

“No, no quiero salir por la noche en Saltillo”. Esa fue la respuesta de una estudiante a su madre cuando le preguntó si saldría este pasado fin de semana. La explicación: no hay seguridad en las calles para andar a salvo. Se maneja, pese a los constantes y trágicos accidentes, a velocidades relampagueantes. Y se suscitan una y otra vez. No hay respeto por el peatón, y el peatón tampoco tiene respeto por el automovilista.

El accidente protagonizado por jóvenes en Paseo de la Reforma, muriendo dos; el atropellamiento en Periférico Echeverría frente al Gimnasio Municipal, donde un hombre también perdió la vida; alcances, choques… siguen siendo una constante.

No se trata de hacer campañas. Se trata de establecer programas permanentes de seguridad. Prevención, vigilancia y efectivas sanciones.

¿Cambio de unidades del transporte público? Hace unos días presencié cómo un camión de grandes dimensiones que circulan por nuestra ciudad estuvo a punto de atropellar a un empleado cuando intentaba cruzar Emilio Carranza rumbo a su trabajo, en la esquina de esa vialidad con Calzada Madero. Las 7:15 de la mañana. El chofer del autobús urbano no alcanzó a verlo. El hombre brincó hacia la banqueta y se salvó. Pero estuvo cerca, muy cerca, de ser atropellado por la gigantesca unidad.