Cae el olvido sobre la gente de ayer. Hablar de las mujeres y los hombres que vivieron en Saltillo antes que nosotros es evitar que su memoria se pierda para siempre.

Buen periodista, escritor excelente y autor de obras teatrales, fue don José Juan Segundo Primo Feliciano Sánchez Peña, padre de don Francisco Sánchez Uresti y abuelo de don Adolfo Sánchez Ramos, llamado “El Mascafierros”, ambos maestros inolvidables del Ateneo Fuente.

Don José Juan publicó aquí dos periódicos de mucho rompe y rasga, combativos, el uno llamado “Don Petate” y el otro con el menos expresivo título de “El Martes’’. La afición a la literatura lo llevó a casarse en segundas nupcias en fecha que no he podido hallar, con doña Francisca Montes, mujer muy desenvuelta que lo mismo escribía dramas que los representaba vestida con muy lucidos atuendos en los escenarios de los teatros saltillenses.

Fumaba mucho doña Francisca, tendida al estilo Cleopatra o Sarah Bernhardt en blando diván de tul que aguardaba su exquisito abandono de mujer. Yo he visto una fotografía suya para la que posó con una manzana en la mano. Muy sugestiva foto ésa.

¡Cuánto más podría hablarse de este don José Juan Segundo! He pasado mis manos con respetuosa avidez por sus papeles; leí la carta en que se defiende de la torpe acusación que le hacen de borracho para evitarle ganar la mano de doña Francisca Montes; descifré los telegramas cifrados en que rinde misteriosos informes a la Secretaría de Hacienda en lenguaje tan enredado y tan confuso como el de los asuntos burocráticos de hoy; me solacé con sus cuentos; con sus poemas “A mi adorada Panchita”; con sus dramones románticos...

Seguí en búsqueda de las cosas viejas de Saltillo, y me conmoví con la triste, tristísima página escrita por el doctor Bileb, ciudadano norteamericano él y médico de profesión en ejercicio en el Saltillo. El doctor Bileb asistió a don José Juan Segundo en sus momentos postrimeros, y escribió que en una de sus últimas visitas don José Juan le preguntó si había leído la fábula española “El Asno y el León”. Cuando el doctor le respondió que sí, don José Juan le dijo que le pasaba a él lo mismo que al león: porque lo veían ya inerme lo explotaban y trataban de arrastrar por el polvo. Escribió el doctor:

“Como lo vi fatigado y muy conturbado el espíritu opté por abreviar la visita y me retiré”.

Don José Juan Segundo Primo Feliciano Sánchez Peña murió el 14 de enero de 1887. Doña Francisca, su viuda, se fue a Ojuelos, pueblo de su origen, llevando consigo preciadas posesiones de don José Juan.

Cuando el hijo único de éste, don Francisco, le reclamó a su madrastra lo que a él correspondía de esos bienes, doña Francisca, en tono de tragedia que muy bien cuadraba con su condición de actriz, le pidió que le hiciera la merced de dejarla conservar los tales posesiones –relojes, joyas, cuadros, libros caros-, ya que seguramente ella bien poco sobreviviría a su esposo.

Promesas, puras promesas de doña Francisca. Al poco tiempo ya andaba de novia con otro galán. Agarró un segundo aire como dicen, y otros aires se la llevaron quien sabe a dónde, así que no quedó ya traza de ella. Doña Francisca Montes, actriz en el teatro y en la vida. En ese teatro que es la vida.