ilustración: Esmirna Barrera
Quien tenga suficiente edad recordará unos años, entre los 60 y los 70 del pasado siglo, en que las fuerzas armadas de un país ponían y quitaban gobiernos, como ahora en Bolivia

¿Volverá aquella época que seguramente muy pocas personas añorarán en la actualidad? Eran los tiempos de los cuartelazos, la era de las luchas intestinas en naciones que aspiraban a vivir en democracia, pero existían inercias difíciles de superar.  

Como en la antigua Roma, generales respaldados por sus legiones se sentían con mayor capacidad y derechos para tomar las riendas de su país, como ya lo habían conseguido en los campos de batalla.

Y pasó muchas veces en la Roma imperial, pero también en Asia, desde el Mediterráneo hasta el Pacífico. En México, a inicios del siglo 20 llegó a haber, decían, más generales que soldados, y se atribuye a alguno de ellos la explicación de por qué la lucha se extendió por tantos años: “Peleamos por lo mismo, pero ‘estábanos’ ‘devididos’”.

Así que cuando un grupo tomaba el poder, sus adversarios se lo arrebataban a punta de pistola. Vaya, ni siquiera había que justificar el asalto: “Sucede, señor Presidente, que no nos gusta el color de su corbata”. Y el que sigue.

Vale reconocer que desde la época posrevolucionaria, las Fuerzas Armadas en México han actuado con absoluta lealtad ante su Comandante Supremo, el Presidente de la República, independientemente de su origen partidista.

Se acrecienta el valor de esa lealtad a toda prueba, porque mientras en México se consolidaban el Ejército, la Armada de Guerra y la Fuerza Aérea, hubo golpes de estado en casi todas las naciones en Centro y Sudamérica, en los países africanos que recién se independizaban de los colonialistas, como también sucedió en África.

La semana que termina estuvo marcada por el imparable péndulo de la historia, al que nos referimos en este espacio cuando comentamos el convulso clima político imperante en América Latina.

Evo Morales, presidente de Bolivia desde hace 14 años, salió de su país luego de que las Fuerzas de Seguridad le “sugirieron” dejar el cargo de Primer Mandatario porque con las movilizaciones ciudadanas -que ya han dejado nueve muertos- no habría manera de gobernar.

Morales ya está en México como asilado político. Al respecto, existen opiniones encontradas. Unos a favor, otros en contra, lo cierto es que la administración del Presidente Andrés Manuel López Obrador es protagonista de un capítulo de la historia democrática del subcontienente cuyo desenlace es, para decirlo con los clásicos, de pronóstico reservado.