Las decisiones proteccionistas del gobierno de Donald Trump fueron sorpresivas e impactantes para el mundo, ni los gobiernos de centro-izquierda de América Latina habrían siquiera insinuado este tipo de decisiones, so pena del bloqueo arancelario y financiero de los países industrializados.

Tanto impuestos a las importaciones en primer término, como la reducción de obligaciones fiscales corporativas, apuntan sí a un nacionalismo trasnochado en términos del comercio internacional, pero medidas oportunas como compromisos políticos en función de las exigencias de empleo e ingreso de la población estadounidense.

Por ejemplo, a la fecha el monto arancelario estadounidense a China, primer país de intercambio comercial, supera los 200 mil millones de dólares anuales. Pero ¿se sostendrán en el tiempo dichas políticas que supuestamente impulsarán permanentemente la vecina economía? ¿Continuarán aplicándose estas barreras al intercambio internacional de los Estados Unidos? 

Los argumentos para su aplicación son varios: las transferencias de capital en inversión directa hacia países con menos costos salariales para precios competitivos, y posteriormente el ingreso de los productos al mercado local; las importaciones que han afectado la producción interna, sobre todo en la industria pesada –acero y aluminio con 25 y 10% de aranceles respectivamente-, la automotriz, electrodomésticos, informática y telecomunicaciones; por lo anterior la reducción periódica tanto del empleo como del volumen salarial que ha afectado a las capas medias y bajas de la población de Unión Americana; así un mercado interno débil que no contribuye al crecimiento económico.

Con estas medidas se pretende impulsar la producción nacional y por tanto el empleo, y también supuestamente incrementar paulatinamente la recaudación que compense la reducción de 14 puntos porcentuales del ISR (de 35 a 21%), lo que se proyecta en incremento de 1 billón de dólares en el déficit  fiscal.

En tanto la producción local no incremente sus volúmenes para abastecer al mercado interno se elevarán los precios de los productos protegidos arancelariamente, y el incremento en el uso de la capacidad instalada no es automático, mucho menos respecto a nuevas inversiones, así esta limitante puede resultar contraproducente para el nivel inflacionario que redundaría en la elevación de las tasas de interés. Tan sólo en acero Estados Unidos importa cuatro veces más de lo que produce, de más de cien países, pero sobre todo de Brasil y China.

Respecto a la industria automotriz con producto final la perspectiva es que se produzcan más partes en territorio estadounidense para proteger el empleo, pero asimismo el precio de los autos podría elevarse. El acuerdo comercial con México apunta en ese sentido.

Si China anunció aranceles a productos estadounidenses por un monto de más de 60 mil millones de dólares anuales, y Europa amenaza con restringir el 19% de sus importaciones del país vecino –por un monto de 294 mil millones de dólares anuales- pues ya nos encontramos en los límites de una guerra comercial, que contradice el desarrollo de expansión natural del capitalismo, que se sustenta en la competitividad (calidad, precios y distribución), asimismo en la acumulación a través de la reinversión de excedentes directa o financieramente.

En pocas palabras, si se bloquea el comercio internacional se bloquea el modelo de acumulación de capital que resultó de la sobre producción en países desarrollados y de los excedentes acumulados que requerían su colocación tanto en deuda como en inversión directa. Por tanto si este bloqueo permanece se reduciría el crecimiento económico y por tanto el empleo en el mundo, lo que a ninguna región y país conviene.

Aun así, si estas medidas tienen más resultados positivos que negativos en la economía de Estados Unidos, esto es en la contratación, el ingreso agregado y el mercado interno, entonces el proteccionismo eventualmente se extendería por cuatro años más al término de esta gestión de Trump, de no ser así, el siguiente gobierno, sea demócrata o republicano, paulatinamente, más temprano que tarde, dará marcha atrás al paquete arancelario. 

En todo caso, por sus resultados en el crecimiento económico mundial, ya se requiere una revisión al modelo de expansión del capital sin barreras ni restricciones. El tiempo lo dirá.