Mucho se habló de que el Presidente haría cambio en su gabinete alrededor de su Cuarto Informe de Gobierno. El gabinete nuevo tiene dos novedades, solo dos variantes, que seguramente delinean la estrategia política de Peña Nieto, para primero; definir el candidato a la Presidencia del PRI, que a estas alturas del partido tendríamos que decir que muy probablemente será  Miguel Osorio Chong; y luego enfrentar una complicadísima elección, en la que muchos, la gran mayoría de los analistas, dan ya por perdido al tricolor.

Hoy analizaremos, la renuncia de uno de los hombres claves del sexenio, que se consideró intocable por buena parte de la comentocracia, hasta antes de este miércoles.

La salida de Luis Videgaray es mucho más que la salida de un integrante del gabinete legal, en la superposición que representa la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Es la salida del hombre más cercano en el ánimo peñista y con manifiesta participación en la toma de decisiones, que el Presidente de la República realiza desde la soledad de su despacho en Los Pinos. 

Videgaray estuvo con Peña Nieto, en su entorno inmediato, desde la búsqueda de la candidatura para la gubernatura del Estado de México. Ya en el Palacio de Gobierno, en pleno centro de Toluca, Videgaray fue artífice en la estrategia para iniciar desde el arranque mismo de la administración estatal, la construcción de la precandidatura y candidatura hacia la Presidencia.

En la segunda parte de esa etapa, como diputado federal, Videgaray fue armando desde San Lázaro la estructura política nacional de apoyo a su jefe político para alcanzar la preciada nominación. 

El hoy exsecretario manejó como su Presidente, la Comisión de Programación y Presupuesto,  espacio vital en la asignación de recursos federales, desde donde se relacionó con  los gobernadores del País, especialmente los priístas.

Fue el gran coordinador de la campaña presidencial. El diseñador de la reforma energética, la de telecomunicaciones, y por supuesto la hacendaria, que salió íntegramente de su oficina.

Fue nominado el mejor Secretario de Hacienda del mundo al término del primer año del sexenio por una prestigiada publicación especializada en economía. 
Hasta que llegó la caída de los precios del petróleo todo iba muy bien. Pero la interrelación global de los capitales especulativos fue taladrando la estabilidad del peso frente al dólar y otras divisas, y con ello minando la credibilidad del poderoso secretario, que recorte tras recorte perdió brillo ante los reclamos del respetable, principalmente del muy hostil sector empresarial.

Trimestre tras trimestre se tuvieron que ajustar a la baja los pronósticos de crecimiento del PIB, con alguna honrosa excepción, como el primero de este año. Pero la tendencia hacia abajo en este rubro continúa imparable. Sin dejar de decir que nuestro país es el que más crece en Latinoamérica.

La baja en la perspectiva crediticia de México que nos endilgó una calificadora especializada, por el potencial negativo —creciente— de la deuda, y la situación tan precaria y comprometida de las finanzas de Pemex, fue un misil en la línea de flotación del buque hacendario, que empezó a hacer agua.

“La Operación Trump” atribuida a Videgaray. Versión casi confirmada oficialmente. Con  sus desastrosos resultados fue el golpe final a la endeble posición en la que ya se encontraba el encargado de las finanzas nacionales. La pregunta es qué hubiera pasado, si Hillary Clinton hubiera contestado más rápido que el candidato republicano y hubiera venido un día antes que el odioso pelirrojo. O que hubieran venido el mismo día, primero la dama y luego el caballero. ¿Habría caído Videgaray?  Muy seguramente no. 

Con todo este repaso lo que se puede interpretar es que el Presidente tuvo que prescindir de su más cercano colaborador. Su amigo. Muy seguramente su confidente en asuntos públicos, y sobra decirlo, una de las mentes más brillantes del sistema actualmente.

Peña Nieto ha dejado muy claro que va a jugar todas sus cartas. Todas. En el objetivo de reencontrar la ruta del crecimiento económico y de reposicionar a México en el mundo.

Debió haber sido muy difícil tener que despedir a quien por mucho era percibido como el número dos del gobierno. Pero como lo hemos dicho en colaboraciones anteriores estemos preparados para ver al Presidente ejerciendo con toda sagacidad sus facultades y capacidades, para consolidar su proyecto de nación y su estrategia de desarrollo. Ni Peña está acabado, ni su gobierno abatido, ni su partido derrotado.