“Si no puedes volar, corre, si no puedes correr, camina, si no puedes caminar, gatea. Sin importar lo que hagas, sigue avanzado hacia adelante”, Martin Luther King Jr.

Nuestra forma de vida radica en la forma de ver las cosas y para ello tenemos no solo los ojos, sino la fuente donde se originan los pensamientos: la mente, un órgano muy poderoso, pero también peligroso si no lo sabemos gestionar adecuadamente.

Nuestros pensamientos están predeterminados por experiencias pasadas, eso no quiere decir que sea malo, son buenos en la manera que sean bien canalizados, pero si no los controlamos, es lógico que habrá todo en exceso: miedos, angustias, depresión y ansiedad.

Hoy tenemos al alcance de nuestras manos toda la tecnología y si vemos un poquito, casi nada de Programación Neurolingüística, nos daremos cuenta que podremos modificar la forma de nuestro pensamiento y en lugar de ver la pandemia #Covid19 como enemiga, la veremos como amiga, familiar y aprenderemos a convivir con ella sin desgastarnos.

“El objetivo no es dejar de pensar, sino controlar la calidad y la dirección de los pensamientos”, afirma la psicóloga española Silvia Congost en su libro “Autoestima Automática”.  

Y para llevar a cabo este trabajo, tenemos que echar mano no solo de ganas, sino de valores y virtudes para que lo que dure la pandemia, que de por sí nos trae incertidumbre, evitemos desgastarnos en el día a día cada vez que salgamos a la calle o cada que un familiar salga a la calle o al trabajo, temamos que se contagie y nos contagie.

Esperanza: Vemos que, a causa de la pandemia, muchas personas pierden su trabajo, que otras tantas cerraron sus negocios, pero si en lugar de ver “crisis” vemos una oportunidad de vida, entonces estamos ante un gran reto.

Paciencia: Hay que aprender a esperar, por tanto, hay que ejercitar la virtud para desarrollarla. Llevamos cuatro meses en la pandemia, no sabemos cuánto vaya a durar, entonces lo mejor es programarnos para vivirla en lugar de quejarnos.

Alegría: La tristeza, la depresión y el enojo son vibras negativas que influyen en nuestro pensamiento y por tanto en nuestra conducta, no quiere decir que vivamos en la risa y de forma irresponsable, sino afrontar los retos optimistas y con una sonrisa, así es menos pesado.

Esfuerzo: La mayoría de las cosas en la vida nos han costado, esta es una experiencia más, otro reto, no quedarnos asustados porque el miedo paraliza, entremos en acción, corre y si no puedes correr camina, pero no te quedes parado.   

Resiliencia: Cuántas malas experiencias hemos superado en la vida y siempre, cuando una se presenta, pensamos que es la más difícil; aún así, estamos y seguimos superando emociones y situaciones.

Amabilidad: Un factor importante es la gratitud, ser agradecidos por lo que se tiene y eso produce felicidad, amabilidad y otros valores, es por eso que son como son, agradecen buenas y malas experiencias, aprendamos de ellas para vivir plenamente el día a día.

Hay que aceptar que somos vulnerables no solo a la pandemia, sino a muchas situaciones, pero solo reconociéndonos así, nos aceptaremos tal cual, y encontraremos que, aunado a eso, tenemos un arsenal de virtudes y valores para enfrentar cualquier tipo de situación y será ahí donde hallemos “La Verdad Transformadora”, como lo menciona Christine Hassler en su libro “¡Adiós a la Decepción!”.

Vivamos pues, estimado lector, a plenitud de la pandemia, con sus pros y sus contras, pero siempre optimistas y disfrutando cada día de la vida como si fuera el último, solo, acompañado, como sea, pero disfrutando porque lo importante es la actitud.

 

José Briones

Estudiante, licenciado y comunicólogo

@MísticoE

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