Nuestras decisiones pueden potenciar el riesgo de convertirnos en parte de la estadística funesta de esta pandemia

En más de una ocasión se ha insistido en este espacio en la necesidad de asumir que la pandemia provocada por el coronavirus SARS-CoV-2 se encuentra lejos de haber cesado y por ello no podemos relajar las medidas de prevención ni considerarnos a salvo del contagio.

Las cifras claramente demuestran que existe razón en la afirmación anterior y que es necesario insistir en la necesidad de no bajar la guardia porque las consecuencias de hacerlo implican no solamente más contagios, sino la pérdida de más vidas humanas.

Y eso queda en evidencia en el reporte que publicamos en esta ocasión y que contiene un análisis de las cifras relativas a las dos “olas” de contagios que ha padecido Coahuila desde el mes de febrero pasado.

De acuerdo con las estadísticas oficiales, claramente se han registrado dos períodos de contagios: el primero entre febrero y agosto; el segundo entre septiembre y este mes de diciembre. Las diferencias en términos de contagios no son muy significativas, pero sí en términos de personas fallecidas.

En el primer periodo señalado se registraron en nuestra entidad 22 mil 55 contagios, mientras que en el segundo se han reportado 27 mil 894, es decir, un incremento de 26 por ciento en la propagación del virus. Sin embargo, durante la primera oleada se reportaron mil 332 decesos, mientras que en la segunda se han registrado 2 mil 694.

En otras palabras, aunque durante el segundo período los contagios se multiplicaron por 1.25, las víctimas fatales se multiplicaron por 2, lo cual deja en evidencia la gravedad de la situación por la cual estamos atravesando.

Insistir en este hecho no tiene el propósito de convocar al pesimismo o de arrojar agua fría sobre la esperanza que a todos infunde el hecho de que haya iniciado ya el proceso de vacunación que nos acerca por primera ocasión al inicio del fin de la pandemia.

La intención es convocar, una vez más, a la cordura y a la responsabilidad personal y colectiva porque el virus sigue entre nosotros y solamente una porción muy pequeña de la población ha recibido la vacuna, pero incluso quienes forman parte de este segmento siguen en riesgo.

Con independencia de las críticas que puedan enderezarse en contra de la estrategia seguida por las autoridades sanitarias del País para confrontar este fenómeno, lo cierto es que cada uno de nosotros es el mejor vigilante de su propia salud y el primer responsable de esta.

Es cierto que una estrategia deficiente por parte del Gobierno, en todos sus órdenes, puede colocarnos en una situación de mayor riesgo de contagio, pero no lo es menos que nuestras decisiones personales pueden potenciar ese riesgo y convertirnos en parte de la estadística funesta de esta pandemia.

Al final, lo que todos debemos entender es que la idea no es poder identificar un “culpable” de que alguien enferme y muera, sino evitar que eso ocurra. Y en ese proceso, lo que nosotros hagamos por el cuidado de nuestra propia salud puede ser mucho más importante que las acciones de las autoridades.