La seguridad pública, se ha dicho en múltiples ocasiones, es un asunto –al menos en parte– de percepción, tal como ocurre con otros fenómenos de la vida pública. Por esta razón, además de contar con indicadores numéricos es preciso medir la parte subjetiva, es decir, lo que el ciudadano siente o ve.

La razón para hacer esto es simple: un buen modelo de seguridad pública, para serlo, requiere obtener buenas evaluaciones en ambas dimensiones, es decir, en el comportamiento de los números duros y en la percepción de los ciudadanos, que está basada en su experiencia personal.

La lógica en ello es igualmente simple: es insuficiente que los indicadores sobre delitos comunes o graves sean “controlados”, es decir, que la incidencia delictiva se mantenga en cifras “normales” o “aceptables”, de acuerdo con parámetros internacionales. Para que podamos decir que vivimos en una ciudad segura hace falta que el ciudadano de a pie “lo sienta”.

Este último aspecto es sumamente importante porque ello impacta en múltiples aspectos de la vida pública. Si las personas se sienten seguras, si perciben un entorno de seguridad, entonces dedican más tiempo a la realización de actividades que mejoran la convivencia, refuerzan el sentido de pertenencia comunitaria, dinamizan la economía y, en general, contribuyen a consolidar un entorno seguro para todos.

El comentario viene a propósito del reporte que publicamos en esta edición, relativo a la ubicación de Saltillo como la ciudad mexicana en la cual sus habitantes perciben una menor inseguridad, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana aplicada por el Inegi.

De acuerdo con el estudio, la porción de saltillenses que percibe un entorno inseguro disminuyó cuatro puntos porcentuales en el primer trimestre de 2019, respecto del último trimestre de 2018, lo que implicó pasar del tercer al primer lugar en este indicador a nivel nacional, por encima de ciudades como San Pedro Garza García –en Nuevo León–, Mérida –en Yucatán– o la capital del vecino estado de Durango.

El dato es uno que debe saludarse, entre otras cosas, porque consolida la posición de la capital de Coahuila como una de las ciudades más seguras del País, pues en forma consistente se ha venido ubicando en los primeros puestos de esta clasificación elaborada por el Inegi.

Por otra parte, el resultado de la encuesta tendría que servir para identificar las prácticas exitosas que nos han colocado en esta posición, a fin de perseverar en su ejecución. En contrapartida, desde luego, es preciso señalar las estrategias que no han funcionado y descartarlas del catálogo de medidas que son cotidianamente implementadas por las autoridades.

Y es que en materia de seguridad pública el éxito no se alcanza de una vez y para siempre, sino que es un propósito constante. Saltillo se ha colocado a la cabeza en el ranking de ciudades seguras en el País; lo que sigue ahora es definir una estrategia para que se mantenga en ese lugar.