Hace un par de meses se publicó el Informe Mundial de la Felicidad 2020 (The World Happiness Report), un estudio elaborado por octava ocasión por la ONU. Se trata de un índice que se construye basándose en encuestas a ciudadanos, realizadas por el Instituto de Opinión Pública Gallup, que analiza una variedad de indicadores, como la esperanza de vida, el apoyo social y la corrupción, entre otros.

Explican que se entrevistaron a más de 53 mil personas en 156 países para evaluar cuán felices se perciben sus ciudadanos, según las evaluaciones de sus propias vidas. Es decir, qué tan felices o infelices se sentían. Los resultados arrojaron que existen variables que determinan de qué depende esa felicidad, como la edad, nivel educativo, estilo de vida del país e ingresos económicos.

En la edición 2020, Finlandia ha sido nombrado por tercer año consecutivo el país más feliz del mundo. El Informe Mundial de la Felicidad ha demostrado ser una herramienta indispensable para los políticos que buscan comprender mejor lo que hace felices a las personas y entre las razones del bienestar incluyen buenas redes de apoyo social, confianza social, gobiernos honestos, entornos seguros y vidas saludables. Los países que aparecen con los 10 primeros puestos son Finlandia, seguido de Dinamarca, Suiza, Islandia, Noruega, Holanda, Suecia, Nueva Zelanda, Austria y Luxemburgo. De América Latina, Costa Rica aparece en el lugar numero 15 y México en el 24.

Quizás usted se enteró de la declaración del presidente Andrés Manuel López Obrador cuando anunció que convocará a un grupo de expertos para crear un nuevo método de medición de la felicidad del pueblo mexicano y dijo: “Voy a hacer el planteamiento y vamos a desarrollar algo nuevo, un aporte interesante. No podemos seguir midiendo de la misma manera”.

Señaló que el “ingrediente en este nuevo parámetro no les va a gustar a los tecnócratas, pero ya ven que si no les gusta a ellos a lo mejor es bueno para nosotros”.

De entrada podemos adelantar los resultados para que no quede duda de que la felicidad es una constante en México. Y es que en el estudio de la ONU se señala que si bien la desigualdad en nuestro ingreso se ha elevado, eso no fue importante, pues la felicidad que decimos tener es más alta que en países desarrollados como España o Grecia. ¡Punto para México!

El estudio dice que “hay retos importantes para el país como la desigualdad económica que es un problema enorme, con una diferencia considerable entre los más ricos y los más pobres”, pero eso ni a quién le importe, somos felices a pesar de las desigualdades y nuestra felicidad jamás fue perturbada por nuestros problemas de pobreza, salud, educación, desigualdad y violencia.

Así que vayamos tirando a la basura esos estudios llenos de negatividad como del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) que, en un intento por sabotear nuestra felicidad, nos dice que en 2018 había “apenas” 52.4 millones de personas pobres y 9.3 millones de ellas vivían en pobreza extrema.

Tampoco quisiera insistir, para no lastimar nuestra felicidad, en los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición que nos dice que somos gorditos “felices”: El 36.3 por ciento de los adolescentes y el 72.5 por ciento de los adultos tienen (tenemos) sobrepeso y obesidad y hay 14 millones de mexicanos con diabetes y casi 23 millones con hipertensión, o el ya jubilado término del PIB (Producto Interno Bruto), el cual los expertos predicen que en el 2020 caerá un 7 por ciento.

Mucho menos está en mi interés ensombrecer esta enorme felicidad recordando los datos de la violencia desatada por el crimen organizado, porque eso me definiría como una persona negada a aceptar que los mexicanos podemos ser felices aun a costa de lo que sea.

Parecería que vivir es mucho más sencillo cuando se cierran los ojos. Es una especie de ceguera a la que hacía mención José Saramago cuando afirmaba que: “Todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran”, y que tal vez preferimos la ceguera a buscar la verdadera felicidad, ya que hacerlo significaría correr el riesgo de no encontrarla y eso sí que nos haría muy infelices. Bien escribió John Lennon: “Vivir es fácil… con los ojos cerrados”.

@marcosduranf

Marcos Durán Flores

Columna: Dogma de fe