Ilustración: Vanguardia/Esmirna Barrera

De acuerdo al Informe Mundial sobre Felicidad 2018,México bajó tres posiciones, colocándose en el nivel 24 en comparación del año pasado que se posicionó en el lugar 21, mientras que Finlandia se posicionó como el país más feliz del mundo seguido de Noruega y Dinamarca”.  Cabe mencionar que en 2015 estábamos en el lugar 14, lo que indica que nuestra felicidad se ha venido deteriorando: en dos años hemos descendido 10 posiciones.  

Sin embargo, es interesante observar que, ante tantos problemas sociales, la ausencia de gobernabilidad y otras tantas circunstancias negativas, nos encontremos dentro de los 25 países más felices del mundo.

Pregunta obligada

En relación a esto, existe una pregunta siempre presente en el ámbito de la teoría económica: ¿mayores ingresos hacen más felices a las personas?  Aun cuando poco conocemos sobre la felicidad, la respuesta, para algunos,  que podría ser sorprendente, es contundente: repetidos estudios han demostrado que la relación entre el monto del salario y la felicidad no es tan fuerte como supondría esperar. 

Estudios emprendidos por el economista de la conducta Dan Ariely concluyen que esa correlación es bastante débil, y esta situación también aplica a los países.

La envidia 

Dicho sea de paso,  este autor,  en uno de sus libros cita al crítico social  H.L. Mencken (1880-1956), el llamado “sabio de Baltimore”, quien sagazmente señala “la satisfacción de una persona con respecto a su salario depende de si gana más, o no, que el marido de la hermana de su esposa”, ¿y por qué esa persona? Pues dado que ésta comparación es relevante, muy accesible y tal vez fácil de comparar. Porque la envidia nace de las comparaciones cercanas.

Es decir, que en este caso, como en muchos otros más, las personas, (aun cuando sea absurdo e ilógico) acostumbramos a referenciar -relativizar- nuestros niveles de satisfacción en relación a terceras personas. Sin duda, aun ganando bien, es muy probable que al comparar nuestros ingresos con los otros nos sintamos terriblemente mal; de ahí que, posiblemente, los ricos envidien a los más ricos. Esta debilidad se acentúa en estos tiempos en que la información es fácil de adquirir y comparar casos.

Este fenómeno también es fácil observarlo en el caso de casas, escuelas, ropa, vehículos, e inclusive parejas: todo estaba bien, nos sentíamos bien hasta que… ¡Maldita comparación! (Evidentemente no debería ser así, pero lo es ¡vaya fuente de desgracia!).

De ahí que si, los “amigos”, critican  nuestro celular, carro o vestuario, lo inteligente sería cambiar a esos amigos no de celular…

La diferencia

La actitud es el aroma del alma; desde mi punto de vista como personas buscamos no precisamente la felicidad, sino los motivos para alcanzarla y estos dependen en gran medida de las actitudes.

La actitud es la que hace que nuestro peregrinar se convierta en un paraíso, o bien, en un terrible infierno; es sencillo entender esto: como se le habla a la vida es como ella responde.

Las actitudes positivas poseen la grandeza de generar acciones valiosas y crear desenlaces insospechados, siempre  de expectación y gozo.  Por otra parte, las personas con actitudes negativas, de desesperanza y apatía, suelen convertir sus tristes pensamientos en amargos entornos.

Viktor Frankl nos enseñó que siempre podemos elegir la actitud ante las circunstancias que nos plantea la vida: “incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, los seres humanos preservamos la capacidad de elegir la actitud con la que afrontamos nuestras circunstancias. Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas –la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino– para decidir su propio camino. Y es precisamente esta libertad interior y espiritual la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido.”

Razón tiene Vicktor al afirmar que “entre el estímulo externo y nuestra consiguiente reacción hay un espacio en el que podemos elegir dar la respuesta que más nos favorezca” este espacio es la libertad.

Por su parte Séneca nos dice la manera de comprender los reveses de la vida: “vivir siempre en la comodidad y pasar sin una pena en el alma es ignorar la otra mitad de la naturaleza. Afirmas ser un gran hombre, pero ¿cómo lo podré saber si la fortuna no te brinda la ocasión de mostrar tu virtud? Te juzgo desdichado por no haber sido nunca desdichado. Te has pasado la vida sin adversario: ni siquiera tú mismo sabrás nunca hasta dónde alcanzan tus fuerzas. La experiencia es necesaria para el conocimiento propio.

No olvidemos

México requiere de personas con pensamiento crítico, pero con actitudes positivas y propositivas; personas que  crean en él. No podemos caer en el inútil fatalismo, pensando que todo está mal, que no hay salida de los problemas y de las circunstancias en las que se encuentra el país. Es necesario reconocer lo que pasa, pero sin dejarnos secuestrar por la amargura, reconociendo también lo bueno que podemos ser los mexicanos.

Yo soy yo… 

Recordemos que la luminosidad de México se encuentra en todo eso que cotidianamente sucede, que ciertamente no es noticia, pero si vida, si esperanza. Lo sé: estamos también desesperados ante tanta desfachatez, corrupción e injusticia, ante la deslenguada retórica llena de odio, mentira y resentimiento; ante tantas ganas de volver al pasado. Irritados ante la ausencia de proyectos para el futuro y, por tanto, ante el padecimiento del lastre de lo peor de nuestra historia, ante las circunstancias no resueltas a tiempo y en forma.

Lo decía Ortega y Gasset Yo soy yo y mi circunstancia (“si no la salvo a ella, no me salvo yo”). Somos también lo que nos circunda, eso que está a nuestro lado, en nuestro ambiente y México también lo es. Nos corresponde encontrar sentido a esas circunstancias, para transformarlas. De nos ser así tampoco nos salvamos nosotros.

En este sentido tal vez ser feliz radica en saber salvar las circunstancias que se nos presentan en la vida, sabiendo escoger la paz sobre la violencia, la generosidad sobre el egoísmo, lo positivo sobre lo negativo, la justicia sobre la injusticia, la bondad sobre la maldad y el deber sobre la conveniencia.

Tenemos la responsabilidad trabajar sobre las condiciones actuales de México sabiendo hacer uso de la inteligencia y de la libertad mencionada por Frankl, esa que se encuentra en un breve espacio y que espera tener la mejor respuesta y consecuente acción. Si todos comprendemos estas circunstancias las podemos salvar del silencio.

Consideremos lo que dijo Margaret Meat y que ha sido comprobado miles de veces: “no dudes jamás de la capacidad de tan solo un grupo de ciudadanos conscientes y comprometidos para cambiar el mundo. De hecho, siempre ha sido así". 

Los titulares de las noticias describen desgracias, violencia y desencuentros, pero no ignoremos que son muchas más las personas que en México generan vida todos los días, que se arremangan las mangas para trabajar con honestidad y pasión. Con actitudes transformadoras, emprendedoras, creativas e innovadoras.

No dejemos morir la esperanza, continuemos buscando esos motivos para la felicidad que trascienden lo material. ¡Dejemos a un lado las diferencias! ¡No más comparaciones entre nosotros! ¡Pensemos, más bien, en México!  Y, entonces, hagamos lo propio: pongamos en marcha las nobles virtudes que como mexicanos llevamos en la sangre para salvar a la patria de las negativas circunstancias que hoy la pueblan. 

Programa Emprendedor
Tec de Monterrey Campus Saltillo

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