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Hoy inicia mayo pero paralelamente entre la tarde de hoy y la noche de mañana llegan a su fin dos telenovelas de orígenes y resultados totalitarios muy distintos tanto de Televisa como de Telemundo.

La primera de ellas es “Simplemente María”, segundo refrito del clásico de origen peruano del mismo título de 1969 y que tuvo su primera adaptación mexicana en 1990 con Victoria Ruffo como protagonista principal.

El hecho de que a partir de mañana el horario que deja vacante “Simplemente María” que Televisa presumió cuando menos en los últimos años de ser “un éxito” al “rescatar” historias tradicionales que seguían siendo del gusto del público como “Corazón indomable” o “Muchacha italiana viena a casarse”, entre otras, sea cubierto por series unitarias como “La rosa de Guadalupe” o “Como dice el dicho” cambalacheando horarios con el programa de concursos “El juego de las estrellas” nos deja un mensaje más que claro.

¿Cuál es? Que dichas telenovelas tradicionales no están funcionando, que a duras penas pudieron mantener a “Simplemente María” al aire ya que lo que todavía hace veintitantos años funcionó como una bien montada farsa que inteligentemente manejó un cineasta como Arturo Ripstein, ahora daba más que pena ajena en medio de una villana como Arlette Terán que era buena sin necesidad de que la estuviera manipulando un ego que era una mezcla de Chispita con la muñeca Annabelle, y sobreactuaciones desde Claudia Álvarez como la indita convertida en una exitosa diseñadora de la que todos se enamoran.

Pero mientras esto sucede en Televisa, en su canal hermano Gala TV la noche de mañana termina una telenovela que se fue ganando una gran audiencia a pesar del horario problemático de las 22:30 y que como ya lo comentamos es nada menos que una historia basada en la película nominada al Oscar “A Better Life”, de Chris Weitz, por la que el actor mexicano Demián Bichir estuvo contendiendo por el premio.

Esta telenovela llevó el título de “Bajo el mismo cielo”, y es una muestra de que respetando el género y adaptándolo a las necesidades de las audiencias contemporáneas puede recuperar el interés del público, ya que a la historia original de Carlos (Gabriel Porras), un jardinero ilegal en Los Ángeles que vive con el miedo a que lo deporten al vivir con un hijo menor de edad (Alejandro Speitzer) al que pudiera dejar desamparado le agregaron una subtrama de pandilleros comenzando por un interés amoroso.

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