Sin duda que, entre las instituciones más atacadas de estos tiempos salvajes y modernos, el matrimonio atraviesa por una confluencia de prácticas y opiniones que, lejos de amellar su armadura, la fortalecen y reinstalan.

No recuerdo cuándo inició esta campaña, pero no fue hace más de un par de décadas a partir del momento en que el relativismo común se puso a juzgar todos los valores, las instituciones y las bondades de esta parte de la humanidad que aún tiene fe, que es honesta, trabajadora, justa, ética y que trata de buscar la felicidad en las cosas intangibles y las encuentra dentro de la armonía del ser amado o en la introspección tan necesaria.

No refiero a la biblia en defensa, sino en fundamento de que, a través de la palabra de Dios, el matrimonio en su concepto puro, es decir, la unión en amor y vida de una pareja –hombre y mujer– rinde homenaje a la divinidad a través de una existencia común, luchando, vinculando, educando y divirtiéndose juntos en un camino a la realización y a la alegría, en el balance final de su desenlace.

Y como la cita es necesaria, el verdadero libro en palabras de mi abuela María Melo: “Dijo entonces Adán. Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:23-24)”.

Dios creó al hombre y después hizo a la mujer para complementarlo. En la biblia, el matrimonio es la “solución” de Dios para el hecho de que “no es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18).

Luego el catecismo refiere: “El matrimonio es una institución natural, lo exige la propia naturaleza humana. Por lo que es una institución que no puede ser cambiada en sus fines y en sus características, ya que el hacerlo iría contra la naturaleza del hombre. El matrimonio no es, por tanto, efecto de la casualidad o consecuencia de instintos naturales inconscientes. El matrimonio es una sabia institución del Creador para realizar su designio de amor en la humanidad. Por medio de él, los esposos se perfeccionan y crecen mutuamente. Colaborando con Dios en la procreación de nuevas vidas”.

De esa manera es una comunidad de amor, camino de salvación personal y del otro. Las parejas están llamadas al amor, entre más amen, más cerca estarán de la divinidad, pues Dios es amor. También se trata de un ejercicio de dar, buscar la felicidad del otro, no la propia, y de esa manera formular el complemento.

Jesucristo eleva la institución natural a la dignidad de sacramento debido a su importancia. No se conoce el momento preciso, pero conocemos cómo se refería a él en varias citas bíblicas. De esa manera, en Cristo el matrimonio no es un contrato, sino una alianza, es decir, es un acuerdo entre dos personas libres y conscientes. Unidad de hombre y mujer. Es para toda la vida, corriendo la misma suerte los dos. Con una vida en común, llamada a amarse.

En este camino para alcanzar la felicidad, el ser humano tendrá en pareja dificultades, problemas, situaciones que al resolverse en comunión lograrán solucionarse con profundidad y eficiencia.

Borges refiere que: “Solo podemos dar el amor, en cuyo nombre están hechas todas las cosas”, de esa manera defendiendo al amor nos veremos plenos, resurgiendo en la medida en que dios nos quiere perfectibles, pero con esperanza y actitud.

Fue un 28 de octubre cuando Issa y yo prometimos unirnos en matrimonio ante las leyes de la divinidad en la que creemos, eso hace 32 años, y desde entonces hemos profesado día con día ese ejercicio amatorio de apoyarnos, de sobrellevar las cosas, de inventar nuestros propósitos, nuestros gozos y de disfrutar lo que tenemos en un círculo del buen existir; benditos tiempos.

Hoy es ese homenaje al amor, que se traduce en el decir de Neruda en: “besos, lecho y pan”, emergiendo del Soneto XVII que define esa unión trascendental y la perfecta definición: “Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde, / te amo directamente sin problemas ni orgullo: / así te amo porque no sé amar de otra manera, / sino así de este modo en que no soy ni eres, / tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía, / tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño”.