En mi opinión, el memorable muro entre México y EUA jamás se construirá. Es un ataque sobre una de las promesas más populares que el presidente Trump hizo en campaña. Una estrategia con la retórica populista destinada a fallar. La propuesta a la edificación absurda y confusa: el Etemenanki contemporáneo. 

Sabemos que las órdenes ejecutivas del presidente estadounidense pueden aún tener un largo camino de oposición a través del poder judicial. Un ejemplo: los vetos de jueces federales sobre las órdenes ejecutivas que anulan visas a viajeros de siete países musulmanes.

El muro es locura, imposible que logre que paguemos la enorme valla que Trump estimó entre 5 mil y 10 mil millones dólares. Ahora han surgido otras valorizaciones del muro: la primera, del senador republicano Mitch McConnell, que lo coloca en los 15 mil millones de dólares. La segunda viene de un análisis del Grupo Bernstein con un costo de hasta 25 mil millones dólares.

Las especificaciones del inmenso muro son en algunas partes de 12 metros de altura y una cimentación de al menos dos metros de profundidad. Poseerá 30 centímetros de grosor y tendrá una extensión aproximada de 1600 kilómetros en siete millones de metros cúbicos de concreto.

Esta absurda ingeniería ocasionará un caos al ecosistema de la región, evitará el cruce de animales y el escurrimiento natural de las aguas en las cuencas que compartimos. 

En las partes en que el muro transcurra por el cauce del río Bravo, suscitará un problema a los propietarios estadounidenses de tierras a las orillas del río: bloqueará su acceso al torrente de agua.

Creo que Trump sabe que terminará en lo más viable: la protección de la frontera con instrumentos de tecnología, como robots, drones, sensores de movimiento, etc.

Entonces ¿Qué nos preocupa del discurso del presidente Trump? —El insulto de ser excluidos.

La construcción social incluye y excluye. En la cotidianidad vemos la confinación en nuestros espacios sociales: zonas para sexoservidoras, esquizofrénicos, delincuentes. Zonas habitacionales y comerciales que se recluyen. Bardas en nuestras propiedades.

Norbert Elías nos presenta un interesante ensayo social entre los “establecidos” —que se manifiestan como superiores— y los que han llegado después como “forasteros” —los marginados. 

Los mexicanos no podemos negar una estructura social parecida y que vivimos una dualidad en la que somos ninguneados en el extranjero y sobresalientes ante los migrantes que cruzan nuestro territorio.

Michel Foucault en su “Historia de la Locura en la Época Clásica”, presenta la exclusión de locos y leprosos en poblaciones amuralladas del medievo. Un acto realizado para confirmar la razón y cordura de una sociedad, a través del destierro de la locura y la sinrazón de otros.

Los mexicanos somos esos locos, delincuentes y violadores en la ideología del presidente Trump y sus seguidores. La diatriba contra los mexicanos que avala y determina su nacionalismo de derecha.

Guardemos los mexicanos la calma ante la humillación de ser marginados en el discurso trumpiano. No pasa nada. Enfoquémonos ante la posible cancelación de nuestro Tratado de Libre Comercio. El discurso amenazador que el presidente Trump tiene para con nosotros y otras naciones, quizá tiene la finalidad de crear el caos para negociar en los escombros. Es la manera que el presidente Trump logrará el exterminio comercial con América del Norte.

Ese es el verdadero muro.