Hoy me preguntaron sobre la paradoja del agua y los diamantes. Mientras trataba de ubicarla en mi cabeza, haciendo un vínculo entre la riqueza y la belleza de la Naturaleza, me recordaron la teoría del valor, planteada por Adam Smith en el siglo 18, todo un referente de la economía clásica.    

¿Por qué el agua siendo esencial para la vida, tiene un precio tan barato, contrario a los diamantes, cuya utilidad es prácticamente nula y se venden a precios altísimos?

La reflexión parte de que las personas pueden sobrevivir sin diamantes, pero si estuvieran durante varios días en el desierto, valorarían un vaso con agua más que todos los diamantes del mundo. En estas circunstancias todos preferimos no morir de sed antes que tener piedras preciosas. Esta paradoja nos muestra que asignamos valor a las cosas por la utilidad o satisfacción que nos brindan, en relación a su escasez o abundancia. 

¿Cómo le asignamos valor a la Naturaleza? La historia demuestra que su valor ha sido reducido al ser considerada un inmenso depósito de materia prima disponible, inagotable y barata, para satisfacer las necesidades de la humanidad. Ese es el bajo valor que se le ha asignado a la Naturaleza en la economía de mercado. 

Pero, ¿qué pasa en la actualidad, donde la vida real cada día se parece más a ese desierto, a un escenario que plantea la sobrevivencia, el desarrollo y el bienestar desde una perspectiva precaria y dificultosa? 

Los recursos naturales cada vez son más escasos, y las circunstancias tan extremas, que nos ponen en un escenario límite, que exige un cambio profundo en la perspectiva con que asignamos el valor y a la necesidad de transitar a una economía ecológica. Esto significa, reconocer que el valor de la naturaleza supera cualquier precio, y va más allá del que le podemos asignar, porque sus beneficios también trascienden a la especie humana y a la generación actual. Es prioritario asumir que el desarrollo económico no puede ser sostenible sin una conexión con la Naturaleza.

Cambiemos nuestra escala de valor del agua y los diamantes, en nuestra vida cotidiana, cambiemos nuestros hábitos de consumo, de lo desechable, de lo práctico pero contaminante, por una cultura y conciencia más responsable y conectada con la Naturaleza. 

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Gabriela De Valle
Reconexión Natural