No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo, pero resulta que mi amigo Felipe Ramos Rizo incursionó en el negocio de la gastronomía y abrió un restaurante, de modo que tuvo la gentileza de invitarnos a conocerlo y aprovechamos para compartir el pan y la sal con él, otro gran amigo mutuo Bonifacio (nombre de sacristán) Nuñéz, Ángel García Toraño (comentarista de “la competencia”) y un servidor. Créanme cuando les platico que se trató de una tarde inolvidable, que trascurrió entre anécdotas y risotadas. Baste mencionar que lo único que superó la comida, fue la convivencia. 

El pretexto de la reunión fue disfrutar del la semifinal de la Champions disputada entre el Bayern Munich y el Atlético de Madrid ¡Qué clase de encuentro nos regalaron! Hubo de todo: táctica, técnica, jugadas polémicas, golazos, penales fallados y un futbol de 24 kilates, en donde “los obreros” (con el cuchillo entre los dientes) al grito de “verbo mata carita” terminaron derrotando a “los artesanos”. 

El trabajo arbitral del turco Cuneyt Cakir, me pareció bastante bueno en términos generales. El gol de los colchoneros no fue fuera de juego de Grizman, quien en el momento del pase del niño Torres, está en línea con el penúltimo defensor, jugada de alto grado de dificultad que dio oportunidad a que el linero demostrara gran concentración. 

El prietito en el arroz fue el penal señalado en contra del Bayern Munich, debido a que con la gloria de la repetición, todo parece indicar que la falta fue cometida fuera del área; sin embrago, son situaciones en las que de manera ninguna se puede culpar al silbante, quien no cuenta con ese recurso. 

Ya tenemos un finalista para el juego grande a disputarse en Milán el próximo 28 de Mayo.