Se comentaba en redes el uso mexicano de los números en expresiones coloquiales.

“Ya me cayó el 20”, “Me quedé de a 6” “Me pusieron un 4”, “Salió con domingo 7” “A las 3 es la vencida”... y contando.

Las matemáticas acompañan a la humanidad. En la medición del tiempo se vive en compañía de las horas, en círculo de 12 o de 24. Y se enumeran las etapas pandémicas. Y las estadísticas vacían las cifras a colores de semáforo y a centinelas y rebaños de cifras triplicables e inmunidades temporales. Y en tiempo de elecciones se usa la cuenta regresiva de cifras grandes a chiquitas. Y no hay democracia sin recuentos que señalen mayorías. Los telefonemas se cuelgan de 10 números. Y en los deportes, se cuentan carreras, canastas, goles, golpes, hoyos y se miden distancias.

Todos los meses se llega a los días 20 en el año 2020. En los informes de seguridad se suman las unidades de balaceados a los que yacen en fosas de constante aparición. Salarios, precios, cantidades sustraídas y egresos múltiples se atiborran desde pequeñas alzas hasta millonadas que se cuentan por miles.

Las numerologías son como una telaraña en la que se enredan las economías domésticas y las oficiales en todos los niveles...

DESIGUALDADES DESHUMANIZADAS

Ser niño o niña por nacer. Ser mujer, ser negro, indígena, migrante, homofílico, extranjero, incrédulo, disidente, indigente, discapacitado; ser anciano, analfabeta... es poder ser discriminado en el siglo 21. Se extienden las desigualdades deshumanizadas. Los tratos que resultan maltratos. Los embudos que dejan el lado angosto para los discriminables.

No se identifica la humanidad en todas las condiciones. Parece que cualquiera de las características antes señaladas nublan el resplandor de la persona humana. Los adjetivos parecen borrar el sustantivo. Parece necesitarse una mirada parecida a la de rayos equis, capaz de no quedarse en lo superficial y epidérmico sino llegar hasta el alma inmortal que anima a todo cuerpo sensible en la raza humana.

¿PROBLEMA O MISTERIO?

¿Al mundo se le condena o se le ama? Resulta una palabra de doble semántica. O es el pésimo espíritu de soberbia, avaricia y lujuria y se ve como ídolo esclavizante. O es no sólo un problema para resolver o un enemigo para destruir, sino un misterio gozoso que puede llevar a la contemplación y la alabanza. Donde está el mayor desastre se da la solidaridad más heroica y generosa. Donde cunden los mayores egoísmos surgen las actitudes fraternales más auténticas. Un machetazo puede ser una agresión criminal o una poda que prepara una frondosa primavera.

Se inventó eso de “resiliencia” para nombrar una capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido, un accidente, etc. y superar no sólo significa evitar depresión sino subrayar la victoria de la esperanza cumplida por esfuerzo y actitud. Se requiere sanar de esa miopía que se hace adicta a la sombra, a la mugre y a la deficiencia para descubrir luz, limpieza y suficiencia superabundante.

CONVERSIÓN ECOLÓGICA

En el museo de historia natural, después de mostrar muchos depredadores, estaba un escaparate cubierto con una cortina. “Recorra usted la cortina y contemplará el mayor depredador”. Al correrla el espectador se encontraba con un espejo en que se contemplaba a sí mismo.

Puede haber una conversión ecológica. No sólo para no contaminar o no desperdiciar sino para impulsar y promover el cuidado del orden y la proporción, los procesos naturales. Sanar, reconstruir, reforzar, impulsar todo que el planeta propicia para salvar y cuidar toda clase de vida.

Se requiere una revisión de todos los detalles que, en la propia vida son antiecológicos porque aumentan el problema en lugar de apresurar la solución...