ESTIMADA ANA:
Le escribo porque me siento muy cansada, desde los 15 que comencé a trabajar no he parado a veces ni en días festivos. Me divorcié porque mi ex esposo, era un patán y un mantenido.

 Nunca tomó con seriedad nuestro matrimonio y los 12 años que estuvimos juntos se dedicó solo a él. Lo poco o mucho que ganaba lo gastaba en sus cosas personales y los niños y yo vivíamos de mi sueldo, que aunque no era mucho, al menos no nos faltaba nada.

 La cuestión aquí es que hay días en que, como dicen, quiero tirar la toalla, me siento agotada física y mentalmente, sobre todo desde que mi hijo llegó a la adolescencia y anda más rebelde que nunca.

 Se ha metido en muchos problemas porque ya comenzó a tomar y ha cometido una serie de errores ahora que estudia la preparatoria, de donde ya lo han expulsado tres veces, mismas que he tenido que ir a pedir que lo acepten de nuevo con la promesa de que cambiará.

 Recurrir a su papá es imposible, pues de acuerdo a lo que me he enterado, vive como un adolescente, literalmente. Ha tenido varias relaciones que no le han dejado nada nuevo, toma y creo que hasta se droga.

 Así es que él no es opción viable para pedirle ayuda con su propio hijo. Mis papás son ya mayores y no puedo estarles dando mortificaciones de este tipo, cuando me preguntan cómo estamos, solo les contesto que bien y ya.

 Tengo dos hermanos y ellos han tratado de hablar con mi hijo, pero él no les hace caso y cuando se van, se enoja conmigo que por qué ando de chismosa contándoles nuestros problemas. Yo le digo que ellos solo quieren ayudarlo, que necesita el apoyo de alguien, además del mío.

 De verdad, Ana, me siento tan agotada que hay días en que no quiero ni levantarme, quisiera quedarme todo el día acostada sin hacer ni pensar en nada, pero claro, pienso en mis hijos y regreso a la rutina de siempre, a pesar de todos lo que eso conlleva.

 Mi hija está a punto de salir de tercero de secundaria y este último año la han suspendido varias veces por mal comportamiento, incluso un par de veces la suspendieron. En casa es grosera y mal educada, me exige demasiado y si no le compro lo que ella quiere, me grita y hasta me levanta la mano con la intención de golpearme.

 Ya no sé qué técnicas utilizar con ellos porque aunque parezca increíble, no sé cómo educar a mis propios hijos, siendo maestra de secundaria. Sí, Ana, aunque suene irónico así es, educo a otros jovencitos y no tengo idea qué hacer con los míos. Gracias por leerme, 

Lupita
 
ESTIMADA LUPITA:

Ánimo, ya has demostrado durante todos estos años desde que te divorciaste que puedes con eso y más. Tus hijos están pasando por una etapa en la que necesitan más disciplina y entiendo que por tu situación, no has podido establecer reglas claras con ellos.

 Nunca es tarde para corregir, levántate y toma impulso para continuar, eres fuerte y capaz de lograrlo. Es urgente que tus hijos te vean firme y decidida y que sepan que no permitirás sus comportamientos, pues ahora eres tú la responsable de ellos  por ser aún menores de edad.

 La disciplina que ni tuvieron cuando eran pequeños podrás dárselas desde este momento, pero sobre todo no olvides que la base de todo es la comunicación.
 
ANA