1

Dormía todo el tiempo. Durante sus sueños las agujas entraban a su cuerpo con sustancias verdes. Sonámbulo, se alimentaba de platos de humo. 

 2

Las plantas seguían arrojando corazones rojos y negros. Esto desorientaba a las abejas que huían desconcertadas del jardín.

 3

Tapaba como le era posible, el sol que brotaba de su vientre. Pero no lograba detener la luz que, al salir, daba paso a un desierto quemante. De allí emergían arroyos secos, espinas y serpientes. 

 4

Los árboles caminaban en dirección al sur. Se fueron con sus aves y sus frutos. Quedan los huecos de su presencia. Los hongos decidieron seguir su ejemplo. Estamos solos.

 5

La abeja entro a la casa. Se tomó una taza de té. Relató cómo, instantes atrás,  eliminó a la araña blanca. Es natural que defienda el territorio de las flores. De allí la plática prosiguió con detalles de los nuevos panales, que ubicarían bajo tierra. 

 6

Al amanecer alimentaba el pentagrama con huevos de canarios. Sus líneas metálicas se transformaron en hilos de cantos diversos. Jamás volvió a escribir una nota más. Esta melodía le parecía suficiente. 

 7

Su interior era de oro blanco, había huido a una cueva elevada. Deambulaba líquido por las paredes y se contentaba con observar el amanecer.  Así estaba a salvo de su dueño, hasta estar seguro de no lastimaría más el cuerpo que habitaba. Llevaba esperando en la cueva casi un año, pasando el tiempo al tomar formas de los distintos reinos vivientes e inertes.

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