“Vamos a suponer que en un hospital esté una niña o un niño y, aceptando sin conceder, que no tiene el medicamento, ¿qué sociedad somos si la enfermera, el médico, el director del hospital o cualquier ciudadano no toma la decisión de comprar el medicamento para que no pierda la vida?” Éstas fueron las palabras del Presidente de la República frente al creciente cuestionamiento de la sociedad por la falta de medicamentos en los hospitales públicos.

Formulo dos comentarios. Por un lado lo referente a lo de “aceptando sin conceder”; y por el otro, sobre la clase de sociedad que seríamos de no atender las necesidades de esos pacientes.

Me parece más grave la primera afirmación. Que el Presidente de México acepte “sin conceder”, que faltan medicamentos en los hospitales públicos, pone en evidencia su profundo desconocimiento sobre el tema. El desabasto de los hospitales públicos no sólo es evidente; sino histórico. Forma parte de las historias de terror que se viven en el sistema de salud pública mexicano. Es patente que parte de un diagnóstico profundamente erróneo. Si según Andrés Manuel López Obrador las administraciones anteriores son las responsables de todos los temas problemáticos de la agenda pública, no entiendo por qué en salud pública, sale en defensa de lo indefendible.

Sólo se explica porque prevalece el divorcio entre el político populista que arenga a las masas; y las respuestas que debe dar en el día a día de su quehacer gubernamental. El gobernante que no conoce la práctica diaria de cada sector, (en este caso el de salud), debe confiar a ciegas en sus colaboradores. Éstos, a su vez, optan por aderezar el desastre porque temen una reacción incendiaria de quién no quiere escuchar malas noticias y acaban exponiéndolo en un asunto extraordinariamente sensible.

Por otra parte, estas situaciones resultan propicias para que salga a flote el “yo predicador” del Presidente. No existe mejor forma de evadir la responsabilidad que enarbolar su faceta sacerdotal. No sólo evade la responsabilidad del gobierno, sino que la endosa a médicos, enfermeras, administrativos y a la sociedad en general. Revela así su profunda ignorancia respecto de las deplorables condiciones de vida en general, trabajo y salarios que prevalecen entre el personal médico y administrativo del sistema de salud pública.

En lugar de reconocer lo que sucede de tiempo atrás, cuestiona y exige a los trabajadores del sector salud, lo que es responsabilidad superior. Las y los trabajadores del sector, durante años, se las han ingeniado para ayudar a sus pacientes con sus propios recursos, es parte esencial de su práctica cotidiana, esa es la cultura de los servicios de salud pública, pero el Presidente, en vez de reconocerlo así y honrarlos porque hacen maravillas con un exiguo presupuesto drenado por  la corrupción sistémica, se lanza contra ellos y les endosa la responsabilidad.

López Obrador llega a su primer informe de gobierno arropado con una popularidad enorme. Sus calificaciones rondan el 70% de aprobación. La oposición partidaria no existe, tampoco  existe un personaje que lo enfrente con el mismo simplismo y abstracción de que hace gala Andrés Manuel cuando trata los asuntos públicos. Estos dos vacíos son los principales responsables. No obstante, deberá tener cuidado, con la salud ni se juega ni se lucra. La salud, la enfermedad y la muerte sí resisten el encanto seductor de cualquier tipo de populismo.

Twitter: @chuyramirezr
Jesús Ramírez Rangel