Las buenas intenciones que algunos le atribuyen, chocan estrepitosamente con la notoria cerrazón mental del Presidente. No solo no sabe lo necesario para desempeñar su puesto, sino que tampoco se ha rodeado de personas que lo aconsejen correctamente. Tenemos viviendo en Palacio al Supremo Ignorante.

Este no es un diagnóstico producto de la circunstancia. Se ha ganado el título a través de un patrón de conducta reiterado. La consulta que hizo a la Corte sobre si se debe investigar y procesar penalmente a los expresidentes es tan solo la última de una larga serie de barrabasadas.

Se necesita ser un total ignorante de la Ley para someter a consulta el cumplimiento de la misma. Además, ignora que el ejercicio de la acción penal no le corresponde al Presidente, sino al Fiscal General de la República. A Gertz Manero no lo va a obligar o liberar una consulta, independientemente del resultado de la misma.

En segundo lugar, la consulta a la Corte es otra aberración que indebidamente la Corte aceptó responder. La Corte no tiene facultades para juzgar casos hipotéticos. Debe decidir casos reales que le lleguen a través de los amparos y recursos del resto del aparato judicial federal. Mal hecho por el Supremo Ignorante y peor aún por la Suprema Corte, convertida en Suprema Comparsa.

Otra perversión que distorsiona la Ley es que las consultas populares no pueden contener preguntas vagas o tan generales que pueden referirse a miles de hechos al mismo tiempo. No es lo mismo contestar si debe construirse un puente para cruzar el Tamazunchale, que perseguir políticos y decisiones o acciones políticas. Es imposible que el pueblo consultado pueda coincidir en una definición precisa de ambas cosas y, por lo tanto, la pregunta que formuló la mayoría de la Suprema Comparsa es absolutamente absurda.

No solo se equivocó el Supremo Ignorante, sino que se llevó entra las patas a la Suprema Comparsa. De seguro, el primero seguirá adelante con la consulta, porque el objetivo es tratar de borrar del mapa a todos los presidentes vivientes. Y la segunda se defenderá diciendo que negó el permiso original y otorgó otro que no puede causar daño porque la amplitud del permiso lo torna inoperante.

El Supremo Ignorante y la Suprema Comparsa se complementan con el Congreso de la Unión, que en manos de Morena y a base de alianzas non-santas continúa destrozando la poca institucionalidad que teníamos. El jueves aprobaron desintegrar cientos de fideicomisos para poder acceder a sus recursos y entregarlos a la ruinosa maquinaria de inversiones improductivas que el Supremo Ignorante ha creado.

Una de las víctimas de esta depredación presupuestal es el Conacyt. Lo digo por experiencia personal, pues hace un par de meses me uní como abogado a una denuncia ante la Fiscalía General de la República que prueba de manera contundente que el Conacyt ha sido desfondado tan solo en este sexenio con más de ocho mil 800 millones de pesos. Ese dinero se desvió de sus fines previstos hacia fideicomisos que ahora, por lo visto, se van a despanzurrar para que el Supremo Ignorante pueda gastar esos fondos a su antojo.

La única explicación de que no haya colaboradores cercanos al Presidente que lo hagan ver sus errores es precisamente que el Supremo Ignorante se cree omnisciente, y por ello solo nombra “yes men”, personas sumisas y obedientes y quizá igual de ignorantes que él.  Lo hemos visto en materia de seguridad, en materia de la lucha contra el coronavirus y en las decisiones sobre los proyectos consentidos del Supremo Ignorante, que salen sobrando para el México post-covid.

Dado que más del 80 por ciento de todos los impuestos se gastan en el ámbito federal, nuestro país resulta extremadamente vulnerable a la centralización del poder que está ejerciendo el Supremo Ignorante. Nuevo León es una de las víctimas del presidencialismo exacerbado que estamos viviendo. ¿No será nuestro pueblo el Supremo Ignorante?

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Javier Livas

Columna: Libertad y Justicia