Una fundación donó los predios, dice su promotor, un pastor evangelista. Foto: Especial
Al fondo de un cañón nace barrio haitiano en Tijuana. Tendrá 100 casas para 225 migrantes que duermen en un templo

Tijuana, BC. En un día despejado, desde la parte más alta se pueden ver los edificios de la bahía de San Diego. Para ir al fondo hay que conducir o caminar por caminos de tierra. Abajo, en la parte más profunda del Cañón de los Alacranes, corre un canal de aguas negras. Son las mismas que contaminan Playas de Tijuana y provocaron la protesta del condado californiano vecino, pues llegan hasta sus costas.

Ahí, en las márgenes del canal de aguas negras que provienen del centro de la ciudad, formado por la ruptura de una tubería del desagüe hace más de 20 años, se empieza a construir el Pequeño Haití, la Ciudad de Dios, que se perfila para ser el barrio haitiano de Tijuana.

Apenas se levanta la primera casa, pero ya despierta curiosidad; tanta, que el domingo pasado un grupo de jóvenes estadunidenses cruzó la frontera en un camión de transporte escolar para conocerlo. Su promotor, Gustavo Banda, pastor de la iglesia evangelista Embajadores de Jesús, aseguró que se construirán cien viviendas pequeñas en tres terrenos, para albergar a los 225 haitianos que actualmente duermen en su templo.

“El alcalde (Juan Manuel Gastélum Buenrostro) ya nos dio la buena noticia de que será gratuito el permiso de construcción y los terrenos son de la fundación Regalando Amor (que pertenece a la iglesia Embajadores de Jesús). Son tres terrenos, uno de 2 mil 500 metros cuadrados, otro de 9 mil, y uno de mil 200. Serán casas de una planta y tendrán todos los servicios porque hay drenaje, agua y luz.

“Lo único es el canal de la Comisión Estatal de Servicios Públicos; los tubos que pusieron sus ingenieros, no con mucha inteligencia, en medio del canal (…) son del desagüe, y cada vez que llueve tenemos este problema que es binacional. Esta agua está contaminando las playas de San Diego también”, dijo el religioso. La iglesia Embajadores de Jesús opera en el cañón desde hace seis años, recordó Banda, y los terrenos para las nuevas casas me los dejó mi papá hace muchos años.

Agregó: tenemos 20 años con el problema del canal, pero no es porque nosotros contaminemos. Esta es la subcuenca Los Laureles, lo que ven aquí viene de arriba. Tienen que canalizarlo porque cada que llueve pasa lo mismo. La mayoría del tiempo está seco.

En proceso de regularización

El 80 por ciento de quienes esperan vivir en el Pequeño Haití trabajan ya en Tijuana, la mayoría están en proceso de regularizar su estancia, y tienen además del origen, otro punto en común: todos son evangélicos. Muchos nada más vienen a criticar, pero no hacen nada. Nosotros estamos ofreciendo a nuestros hermanos lo que tenemos. No critiquen, mejor vengan a ayudar, dijo el pastor.

La casa que están levantando ya tiene dueño. Será para Chistopher Faustin, maestro políglota de idiomas en Haití que ya pasó por Ecuador y Brasil antes de tener que quedarse en Tijuana. Es el mismo que en un video para La Jornada Baja California dijo que ya no cruzaría a Estados Unidos pues varios de quienes lo habían hecho estaban ya en Puerto Príncipe, deportados. Si bien una parte del éxodo fue acogida en Estados Unidos –por aquí pasaron casi 20 mil haitianos que habían hecho una escala de varios años en Brasil–, quienes cruzaron en diciembre anterior fueron rechazados en su mayoría.

Faustin era el encargado del albergue en este cañón, universitario, como muchos de sus compañeros de viaje. Con la ventaja de hablar español, además de inglés y francés, ya consiguió un trabajo de medio tiempo en el Instituto Nacional de Migración. Reconoce que sus expectativas eran otras pero repite a la prensa una frase: Cuando no hay lo que amas, hay que amar lo que hay.