La noción de “élites extractivas corruptas” se entiende como el entramado político, económico y mediático que viene robando impunemente a las mayorías de este País. No podemos decir que desde hace siglos porque los magnates de los medios de comunicación lo vienen haciendo desde la mitad del siglo pasado, cuando el entonces presidente Miguel Alemán le otorgó la primera concesión de la televisión comercial a su prestanombres Rómulo O’Farrill, dueño del periódico Novedades, concesión que al fusionarse con otros medios se convirtió en Telesistema Mexicano, la que luego se transformó en un imperio llamado Televisa, paradigma de la élite mediática extractiva nacional al que todas las televisoras locales quieren imitar y que luego, sin control alguno, superan en voracidad y una capacidad de extorsión espeluznante.

De las élites económicas extractivas poco podemos agregar al hecho indubitable de que nos han saqueado hasta el hartazgo, socializando siempre las pérdidas (Fobaproa y demás rescates financieros) y privatizando las ganancias.

Y de las élites políticas ya nada nos puede asustar respecto a fraudes, nepotismos, peculados, despojos, prevaricatos, impunidades y la perenne proliferación de prestanombres, de obras ficticias y de las muy socorridas empresas fantasmas.

Y conste que aquí mismo podemos citar casos específicos de extrema corrupción. No se trata de Veracruz, que para nosotros es un caso distante, se trata de Parras de la Fuente, tantas veces denunciado en este espacio y que lo seguiremos haciendo hasta que los ladrones de Parras sean en verdad investigados y procesados.

El esquema de corrupción es el mismo, basta un ejemplo: allá, el ahora prófugo Javier Duarte le compró un terreno frente al mar a un señor de nombre Alberto Loret, mismo que ahora lo acusa de que con recursos públicos; a dicho terreno le construyó una carretera de acceso de seis kilómetros, enormes bardas de siete millones de pesos y lo electrificó a expensas de los veracruzanos.

Y aquí en Parras, Evaristo Madero hizo lo mismo: construyó con dinero público una carretera de cinco kilómetros a su propiedad “El Capricho”, construyó bardas faraónicas (valen más millones que las de Duarte en Veracruz), mismas que por su ostentación son ahora un atractivo turístico del pueblo mágico, asimismo electrificó sus huertas, quintas y ranchos a expensas de los parrenses.

Si Javier Duarte enriqueció a sus familiares, de igual forma han actuado Evaristo Madero y el “Coco” Dávila en Parras, con el mismo esquema de malversaciones y abusando del poder al límite de la delincuencia familiar organizada.

Si en Veracruz operó la dupla delincuencial Duarte Macías (apellido de la esposa), en Parras han operado las duplas Madero Murra, Madero Arizpe, Dávila Guerrero, Dávila Saldaña y Dávila Barragán, nepotismo atroz y delincuencial que actualmente arrasa a este Municipio.

Y no sólo el cuñado Barragán cobra en el Municipio, los parrenses también tenemos que mantener a las barraganas de estos cínicos, que tienen bien enchufadas a la nómina, dicho esto con la música y las coplas del tango “La bien pagá”, de Perelló y Mostazo, que al cabo a nosotros nos cuestan, como también nos está costando mantener a todos los pensionados que cobran una jubilación ilegal en el Municipio y al contador de la empresa transportista y de “lavado” más grande de Coahuila.

¿Y el mercado municipal de Parras? Claro que también se lo robaron, como el futuro y bienestar de los parrenses.