Los dos países son futboleros con gran público.

Y musicalmente las notas melancólicas del tango y el corrido evocador, junto con la canción de rompe y rasga con grito de júbilo han tenido un peregrinaje en el subcontinente, y aun en el mundo europeo y asiático. Hay risas recíprocas por la ampulosidad de los ches y el machismo de charros de acá.

En lo gastronómico se han gustado en estos rumbos los churrascos y el chimichurri, y han llegado hasta el cono sur los sabores mexicanos del mole, las enchiladas, los tamales y los chiles quemalenguas. De allá llegaron los sorbos de mate y de acá se fueron a la tierra gaucha los caballitos de tequila acompañados con limón y sal.

En la memoria del presidente Alberto Fernández y de la nación de las pampas está el recuerdo agradecido del hospedaje brindado por México a tantos argentinos que aquí encontraron ocupación y bienestar.

La visita de Alberto Fernández, recién electo, une los dos extremos geográficos del sur terminal y del norte inicial. Se saludaron las lejanías. Descubrieron la debilidad de sus relaciones políticas, comerciales y culturales venidas a menos. Captaron afinidades de visión al subrayar democracia, transparencia, austeridad, prioridad hacia la elevación humana de los excluidos, los marginados, los empobrecidos. Diagnosticaron en común las dependencias succionadoras y la disgregación regional frente a la tendencia globalizadora.

No pretenden un frente progresista opositor, sino una actitud de fraternidad latinoamericana por encima de segregaciones ideológicas. Coincidieron ambos dirigentes en robustecer las inversiones para fortalecer sus economías. Se presentaron las grandes oportunidades de inversión en minería, ganadería, comestibles y en otras áreas de la riqueza aún no explotada de la nación sureña. Todo eso se concreta y aterriza en el diálogo con los empresarios.

Al estilo de las conferencias mañaneras, se dio el chubasco de preguntas triplicadas de los periodistas con respuesta inmediata del visitante. Se aprovechó toda oportunidad para ponderar la simpatía y la buena voluntad, la coincidencia de visión y la relación amistosa de confianza y mutuo entre ambos mandatarios.

En el mar tempestuoso de los anhelos de transformación de varios países de Sudamérica, en tiempo de cambios exigidos y elecciones reclamadas, se traza este arcoíris y se levanta en medio de muchas discordancias y estridencias este acorde armonioso. Puede ser inspiración para logros de humanización en las naciones hermanadas por la tierra, la historia, la lengua, la cultura y la fe.

Se requieren experiencias piloto en que se den resultados visibles, no sólo la ya obsoleta retórica evasiva y ampulosa. El mundo mestizo latinoamericano parece estar descubriendo las actitudes y los valores, las preferencias y las urgencias radicadas en su identidad más profunda. Se ha afinado la puntería democrática y requerirá muchos cuidados para evitar todas las contaminaciones de errores pasados.

Los vientos contrarios se encuentran con condiciones que no llevan al retroceso sino a la elevación, como lo hacen los papalotes. En un clima de libertad se requieren las resistencias y las oposiciones para que se fortalezca la musculatura del impulso hacia el bien común. Así los tangos se volverán alegres y los corridos cantarán victorias...