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En el aniversario número 90 del nacimiento de Martin Luther King Jr., México y el mundo aún tienen muchos pendientes por cumplir en materia de igualdad

Este 21 de enero se conmemoran 90 años del nacimiento de Martin Luther King Jr., quien enseñó al mundo “que a través de la violencia se puede matar al que odias, pero no puedes matar el odio”, un hombre de talla mundial, cuyo clamor reclamó su sangre en 1968.

Los jóvenes deben recordar las causas de su lucha para acoger en sus corazones la contundente sentencia que Luther hiciera en los años sesenta y que aún permanece, desgraciadamente, vigente: “nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos”.

La juventud debe saber sobre su obligación moral para que, mediante actos sublimes, transformen para bien la precaria realidad del México: esa infame situación que generaciones predecesoras, indiferentes de la patria, la hemos empeorado, haciendo de esta tierra sagrada un territorio donde hoy impera la violencia, la impunidad, la corrupción, el desorden, el cinismo de la mayoría de los gobernantes y el desencuentro social.

King fue un líder pacifista cuyos ideales y acciones, en pleno siglo 21, aún trascienden las fronteras del tiempo y de su país: su anunciado sueño continua sediento de realidades concretas, clamando por los derechos de los más desposeídos del planeta; sus razones y denuncias hoy, tal vez como nunca, reclaman y cimbran la conciencia de la humanidad.

UN MUNDO JUSTO

Martin Luther King, hombre religioso de esperanza férrea, fue ministro de la Iglesia Baptista y fundador de la defensa de los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos. Se le recuerda –inspirado por Gandhi- por el impulso de la lucha no violenta. Debido a su lucha pacifista por la reivindicación de la igualdad en 1964, recibió el Premio Nobel de la Paz.

Martin Luther King fue un ser humano que se atrevió a soñar y luchar por sus creencias, se aventuró a enfrentar la ideología e intolerancia del país más poderoso"

Martin Luther King fue un ser humano que se atrevió a soñar y luchar por sus creencias, no fue un populista, ni buscaba posiciones personales, más bien: se aventuró a enfrentar la ideología e intolerancia del país más poderoso del mundo obligándolo a cambiar para siempre.

Luther King deseaba un mundo diferente, donde la justicia, la igualdad, los derechos humanos y la paz predominaran. En eso consistió su lucha. Su cruzada fue agobiante: víctima de la persecución constante y de las más terribles difamaciones por parte del gobierno. Hostigado y acosado sistemáticamente por el FBI y otras agencias de inteligencia del gobierno federal de Estados Unidos.

Finalmente, James Earl Ray, un hombre blanco, lo asesinó. Martin tenía apenas 39 años. Ese día murió el hombre, pero jamás las causas de sus ideales.

¡LIBRES AL FIN!

Uno de los discursos más admirados del siglo pasado es el que Martin Luther  pronunció en las gradas del Lincoln Memorial durante la histórica marcha en Washington el  28 agosto de 1963.

Los jóvenes requieren conocer esta proclama para sensibilizarse sobre lo mucho que hoy aún falta por emprender a favor de esa mayoría de personas que habitan en el planeta – particularmente en México - los cuales, todos los días, son despojados de sus más elementales derechos humanos

Este discurso trata de un sueño, de un sueño –jamás de una utopía- que aún no se consuma en gran parte del mundo.

Los jóvenes requieren conocer la proclama de Luther King para sensibilizarse sobre lo mucho que hoy aún falta por emprender a favor de esa mayoría de personas"

Transcribo un fragmento de este memorable discurso con la recomendación que el lector se regale el tiempo de buscarlo para leerlo en su totalidad:

“Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño “americano”.

“Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: “Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”.

“Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.

“Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.

“Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.

¡HOY TENGO UN SUEÑO!

“Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.

“Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.

“Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.

En México continúa la discriminación; sin duda, falta bastante para revindicar, en las relaciones cotidianas, los derechos de las mujeres, niños, ancianos"

“Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, “Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a ti te canto. Tierra de libertad donde mis antecesores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad”. Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.

“Por eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¡Que repique la libertad desde las poderosas montañas de Nueva York! ¡Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania! (…) Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: “¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!”

CRUELES REALIDADES

En Estados Unidos, aun cuando sigue el estigma, bastante se ha logrado en contra del racismo. En México continúa la discriminación (por ejemplo, contra de los indígenas); sin duda, falta bastante para revindicar, en las relaciones cotidianas, los derechos de las mujeres, niños, ancianos y de todas las personas que la sociedad “ve” diferentes y casi nada se ha logrado para que en el país se erradique la desigualad y la pobreza, realidades inhumanas, crueles y discriminatorias que cargamos desde tiempos inmemoriales.

La mejor manera de comprometernos con este inmenso legado sea comprendiendo que todos nacemos iguales y que la esclavitud aún no se ha abolido"

La voz de hombre universal debe continuar vigente, cimbrando la conciencia del mundo en general y de los mexicanos en particular,  por lo menos en aquéllos que tienen el valor de sumarse a favor de los olvidados, marginados y desprotegidos.

Hoy que priva la intolerancia y el abuso a los derechos civiles es conveniente recordar la doctrina que este hombre universal legó al mundo. El aniversario de su nacimiento nos convoca a ser nuestro el mismo sueño, para luchar en hacerlo realidad en todos los ámbitos de nuestras propias comunidades, en todo México.

Es necesario honrar el legado intelectual de Luther King mediante la reflexión y la acción, tomando conciencia de que estamos sumidos en la estupidez, en la seducción y embrujo de la tecnología y el consumo, preñados en la indiferencia y el desapego de la mirada de los “otros”, de los descartados.

Posiblemente, la mejor manera de comprometernos con este inmenso legado sea comprendiendo que todos nacemos iguales y que la esclavitud aún no se ha abolido y, entonces, actuar individualmente en consecuencia.

cgutierrez@itesm.mx

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