A diferencia de los dos ejercicios anteriores, el tercer y último debate entre quienes aspiran a la Presidencia de la República —a realizarse en la ciudad de Mérida— tendrá lugar en martes. Seguramente la dinámica de “cierres de campaña” provocó el cambio de día, a fin de permitirle a los contendientes contar con dos fines de semana completos para tal propósito.

Es importante llamar la atención respecto del día del ejercicio, pues se antoja pensar, de entrada, en la posibilidad de una afectación —a la baja— en los niveles de audiencia debido a esta circunstancia. La incógnita se despejará, de cualquier forma, en unos cuantos días.

Dada la experiencia de los dos ejercicios anteriores resulta posible adelantar algunas cosas sobre el resultado del último encuentro entre los candidatos presidenciales:
1. Muy seguramente Ricardo Anaya ganará el debate, de la misma forma en la cual ha ganado los dos anteriores, debido fundamentalmente a una razón: es el único capaz de entender los formatos, de ajustarse a ellos y de construir intervenciones eficaces conforme a las reglas.

2. Tal como ha ocurrido en las dos ocasiones anteriores, todos se declararán ganadores del ejercicio a través de sus respectivos voceros en las mesas de análisis de las principales televisoras del País. Porque el manejo del postdebate, parece muy claro a estas alturas, es tan relevante —o acaso más— como el debate mismo.

3. Con independencia de la posibilidad de identificar claramente —a partir del análisis objetivo de los hechos— a un ganador y perdedores en el debate, difícilmente los números se moverán en las encuestas de opinión, pues incluso con muy altos niveles de audiencia —no garantizados para el ejercicio de este martes— el público se ha manifestado inmune a los efectos de los debates.

4. Probablemente en este último encuentro la rispidez del ejercicio se concentre en Ricardo Anaya y José Antonio Meade, a partir de las “revelaciones” ocurridas en la semana, cuya autoría ha sido adjudicada por el abanderado del PAN a la Presidencia de la República.

5. Será interesante ver si los candidatos se someten a las “novedosas” reglas establecidas por el Instituto Nacional Electoral para este tercer ejercicio pues, en un inexplicable arranque de conservadurismo, les ha “prohibido” a los abanderados levantarse de sus sillas y les ha instado a asistir al encuentro enfundados en “atuendo formal”, pese a el húmedo calor meridano.

6. En línea con lo ocurrido hasta ahora, seguramente los aspirantes concentrarán sus baterías en descalificar al contrario y emplearán muy poco tiempo en plantear propuestas concretas en relación con la temática general del debate —economía y desarrollo— o cualquier de los temas específicos: crecimiento económico, pobreza y desigualdad, educación, ciencia y tecnología, salud y desarrollo sustentable y cambio climático.

7. Resultará interesante ver si los moderadores de este tercer encuentro, Gabriela Warkentin, Leonardo Curzio y Carlos Puig, son capaces de sustraerse a la tentación del protagonismo o si, por el contrario, intentan competir en ese aparatado con Leon Krauze y Yuriria Sierra, moderadores del segundo ejercicio, quienes por momentos confundieron su papel con el de polemistas.

8. El momento jocoso, la nota hilarante, el exhabrupto de la noche, correrá por supuesto a cargo de “El Bronco” —¿acaso hace falta decir su nombre?—, quien seguramente guarda todavía un truco en su chistera para despedirse del respetable como es debido.

Pese a los señalamientos anteriores, particularmente el hecho improbable de ver afectadas las preferencias electorales a partir de los resultados del debate, vale la pena atestiguar el ejercicio, seguirlo con atención y, sobre todo, tomar nota de las expresiones de los cuatro aspirantes presidenciales.

Entre otras razones lo anterior es cierto porque, tal como ocurrió en los dos debates anteriores, los candidatos habrán de exhibir sus flaquezas a la hora de ser confrontados por sus rivales y la información derivada de tal ejercicio siempre puede ayudarnos a reforzar o modificar nuestra opinión.

Por otro lado, más allá de nuestro desencanto con la actividad política del País,  uno de los cuatro personajes principales del ejercicio del martes próximo gobernará el País durante los próximos seis años y lo dicho durante el debate servirá para exigirle apego a sus ofrecimientos.

Esto último será particularmente relevante si, como lo muestran todas las encuestas, López Obrador termina alzándose con la victoria y, como muchos tememos, ya en el ejercicio del poder se revele como quien es realmente : un individuo con fuertes pulsiones autoritarias.

Tomar nota de sus dichos será entonces de particular relevancia, pues frente a las tentaciones autoritarias los ejercicios de memoria serán no solamente necesarios, sino absolutamente indispensables.

Por eso, aunque sea en martes, hágale un espacio al debate, saque las palomita, invite a los cuates, y dedíquele un par de horas a la última caída de este episodio de la lucha electoral mexicana.

¡Feliz fin de semana!

@sibaja3
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