El tiempo sigue su marcha imparable, y para cuando usted amable lector esté leyendo estas líneas solamente faltarán cuatro días para conocer el resultado de las elecciones más esperadas, reñidas, e imprevisibles de los Estados Unidos. Con el ingrediente desagradable, muy desagradable, de que uno de los contendientes es profundamente anti-mexicano, por llamarlo de alguna manera moderada.

El match Hillary Clinton-Donald Trump se debe definir este martes, un poco más allá de las diez de la noche, tiempo del centro de México, y acabar, (o empezar) de una vez por todas a procesar las consecuencias para el mundo, y para México, de la decisión mayoritaria que hayan tomado los electores norteamericanos.

Olvidémonos de las encuestas. Nunca aciertan. Recuerden el Brexit, donde predecían la permanencia en la Unión Europea de los británicos y salió al revés. O las del referéndum para la firma de la paz en Colombia, que también fallaron. O muchas otras con el mismo desacierto.

Cualquier cosa puede pasar.

Lo más importante serán las consecuencias. Trump dice que pondrán un impuesto especial a cada carro hecho en México, que se quiera vender en los Estados Unidos. Algo así, como la tercera parte de su valor. Mejor ni pensar en lo que eso le significaría a nuestro país. De lo que pasaría en el sureste de Coahuila, mejor ni hablar. Todos deseamos que nada malo suceda.

Lo que hoy sucede con todos los votantes en el mundo, y por eso fallan las encuestas, es que hay un hartazgo terrible contra las instituciones, contra las instituciones políticas, lo mismo en Londres, Inglaterra, que en Cleveland, Ohio, que en Santa Rita, en Arteaga. (Coahuila, México).

Es tan grave la amenaza que representa Trump para México, por su afán de modificar el TLC, y por cerrar las puertas a muchas de nuestras exportaciones, que el miércoles pasado, el Gobernador del Banco de México, Agustín Cartsens, dijo en una entrevista, que ya, en coordinación con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, tienen listo un plan de contingencia por lo que pudiera pasar.

Algunos analistas, hay que decirlo, aseguran que si Trump triunfa en la elección, en los días subsecuentes habría una deprecación del dólar que lo podría llevar al nivel cambiario de 22 por dólar. 

Por ello el gobierno de México tiene que tomar todas las medidas precautorias, aún sin ser definidas, para evitar una tormenta mayor a nuestra ya de por sí aporreada economía, sobre todo con la baja internacional de los precios del petróleo.

El escenario de la complicada elección norteamericana está coincidiendo con el inicio del proceso electoral para la renovación en Coahuila de la Gubernatura, las 38 Alcaldías, y el Congreso del Estado.

Aquí los tiempos se vinieron encima, y en cualquier momento, el Partido Acción Nacional, que seguramente será el primero en hacerlo, anunciarán a su candidato rumbo a la principal oficina de Palacio Rosa. No se sorprenda si esa decisión se da antes de que concluya el Buen Fin. El líder nacional del albiazul ha resultado muy habilidoso para meter al PRI en problemas en la designación de candidatos.

Se imagina que el PAN anuncia a su abanderado de unidad, y el PRI quiera hacer su elección interna, con todo el desgaste que eso implica. Difícil de que se pueda dar. Sería estarle dando (más) ventajas a Acción Nacional.

Los que nos gobiernan van a insistir en obtener para su elegido, a cualquier precio, la nominación tricolor. Ellos se prepararon con todo esmero para acceder el poder, para mantenerlo por doce años, pero no para entregarlo. Eso es evidente.

Llama poderosamente la atención, que quienes promueven al que se considera el pre candidato oficial, no hayan conseguido el apoyo de ninguno de los tres ex gobernadores coahuilenses (sin contar el de la familia que difícilmente dirá esta boca es mía, y el del interinato que más bien ni cuenta) que más bien ha marcado su raya, y demostrado que están en contra de la decisión anticipadamente anunciada. 

Cualquier cosa puede pasar. Allá y acá. Al tiempo... al tiempo.