Foto: Tomada de Internet

Tigres es un equipo que confía mucho en su contundencia ofensiva. Si hay puntería, simplifica el resultado. Y si a esa virtud lo complementa con una buena destreza de todos sus futbolistas, su impacto es mucho mayor porque amplifica el alcance de su juego.

Hacía tiempo que Tigres no mostraba una propuesta colectiva tan determinante detrás de un buen resultado. Las deliciosas definiciones de Gignac y Sosa ante Pachuca, en todo caso, fueron una consecuencia del contexto, y no una cuestión atada al oportunismo como muchas veces ha ocurrido.

Tigres le ganó al Pachuca con la autoridad de un equipo que posee recursos, pero también un músculo futbolístico lo suficientemente macizo que, cuando se lo propone, ofrece garantías.

El problema de este Tigres, siempre lo hemos subrayado, está cuando no ve más allá de las atribuciones que le permite su formato. Cuando insiste sin sentido o cuando no entiende que las características técnicas de sus ejecutores pueden enseñarle nuevos caminos con otras variantes.

Tomarle distancia a lo acostumbrado siempre le traerá a Tigres buenas calificaciones. Contra Pachuca fue diferente en la forma de concebir su juego.

Se movió más rápido, la traslación fue menos espesa, mostró sociedades, adelantó líneas con apoyo y fue más preciso al desprenderse del balón. Cuidó menos el balón, prescindió de su característico toquecito de protección, y arriesgó más la pelota para soltar zarpazos hirientes sobre campo contrario.

Pero también le varió a su música general. Diversificó su centro de gravedad y esa fue una buena noticia para el equipo. Ya no todo pasó por los extremos, sino que buscó ser más completo e integral.

Aquino no fue factor, por ejemplo, pero sí Zelarayán con el complemento combativo de Torres y Pizarro en una disputada región central.

Con las asistencias del cordobés para los goles de Gignac quedó demostrado que Tigres puede conectarse más y hasta mejor por adentro que si lo hace siempre con el desborde y el clásico centro a dividir que se surte desde las bandas.

Pero también, otras de las enseñanzas que dejó el partido para Tigres fue la importancia del recurso del pelotazo largo como el que le cruzó Juninho a Sosa.

Una acción sorpresiva que dejó al exPumas en posición de gol a un toque brincando todos los laberintos que encierra el traslado por cada una de las líneas.

Tigres también se movió bien para distraer las marcas adversarias, situación que quedó retratada cuando Pachuca le cambió el defensor a Gignac (primero González y después Stefan Medina), y el francés absorbió esa carga y le abrió espacios a Sosa.

La exquisita combinación de ambos delanteros en el cuarto gol fue la foto de este necesario recurso del toque corto y la descarga por el medio. Una variante que Tigres no ensaya con tanta frecuencia, pese a tener las herramientas adecuadas para hacerlo.

Más allá del estridente triunfo ante el último campeón, Tigres debería tomar nota de los mecanismos que lo eyectaron hacia un funcionamiento diverso, efectivo y más directo. El equipo se vio lineal, compacto y con muchas menos oscilaciones.

Si Tigres le saca una copia a este juego e intenta repetir lo bueno, seguramente su poder dependerá más de lo colectivo que de lo individual. Su juego ofensivo tendrá otros adherentes y no sólo obedecerá a lo que puedan resolver por su cuenta Aquino, Sosa o Gignac.