El Dr. Claudio López-Guerra, profesor en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), dijo hace un par de días en Twitter: “Hay dos tipos de lopezobradoristas. Los primeros ven al movimiento como un medio. Creen genuinamente que AMLO hará un mejor país. Los segundos ven al movimiento como un fin en sí mismo. No hay otra causa más que AMLO. Estar con él es parte de su identidad”. Y agrega: “Con los primeros se puede hablar. La ejercen con reticencia, pero no han renunciado a la crítica. Empiezan a escasear. Para los segundos un país más justo es la envoltura; el caramelo, lo que importa, es tener el poder. Estos dan miedo. Se multiplican”.

Esta es una de las “críticas” más elegantes, claras y atinadas al lopezobradorismo (nivel rudo y nivel técnico) que he visto desde julio, y uno de los mejores tuits definiendo lo que pasa alrededor del todavía presidente electo (antes legítimo). Recordemos que López Obrador ganó la elección con el 53 por ciento de los votos, equivalentes a poco más de 30 millones de ciudadanos que se inclinaron por AMLO. Esos 30 millones se reparten entre los que se reflejan en Taibo (los Taibos), las Yeidckols y los Fernández Noroñas en un extremo; las Clouthiers y los Moctezumas en el centro y los Romos, Heaths y Hiberts en el otro extremo. No percibo que haya muchos de los otros 25.5 millones de votantes que cambiarían hoy su voto para dárselo AMLO o dispuestos a aceptar que México no estaría mejor con Anaya o Meade.

Hay señales poco claras acerca de cuál es la verdadera personalidad y dónde está el cerebro del futuro presidente y en qué lugar del espectro se colocará. Como dice una cosa dice otra y las primeras muestras indican que los moderados que redondeaban su equipo, su plan económico y su lista de votantes empiezan a buscar la salida aún antes de haber entrado. La desconfianza ganada a pulso a base de consultas marca 4T y una aparente necesidad de demostrar falta de interés en las formas, no es bienvenida para ese segmento de la población y de su equipo; a eso se refiere el Dr. López-Guerra cuando dice que empiezan a escasear. Es cada vez más difícil para esos lopezobradoristas tipo 1 animarse a contrastar ideas con los tipo 2 y con esos que no votaron por y que no quieren saber nada de AMLO. Porque de estos anti-AMLO, tratando de complementar la idea del Dr. López-Guerra, parece solamente haber un tipo: el tipo No. Esos que no votaron ni votarían por AMLO y que lo ven como el mismísimo Hugo Chávez regresado del infierno; esos que no encontrarán siquiera un mínimo de posibilidad de que alguna decisión del que ellos ya consideran el peor presidente de la historia de México sea positiva. Todo lo malo que sucede se explica como una consecuencia de algo que dijo, hizo o pensó el Presidente electo. Cabe incluso la duda de si el tipo NO prefiere no equivocarse a que al País le vaya bien. Es decir, la polarización siempre tiene dos lados, de otra forma se le llamaría consenso.

Los que nos encontramos hasta cierto punto apoyando y queriendo que el nuevo gobierno procure cambios reales (tipo 1) nos estamos quedando en un limbo entre los anti-AMLO tipo No y los lopezobradoristas tipo 2. Y estar en el centro o en una posición moderada parece no estar de moda en ningún lugar del mundo últimamente. Voltea a tu alrededor y seguramente podrás identificar a tus familiares, amigos y conocidos de redes sociales como tipo 1, tipo 2 o tipo No. Procura entender qué los motiva o los asusta, y tratemos todos de escuchar un poco más y mejor y no olvidar que vamos todos en el mismo barco, aunque a veces parezca que es el perico y no el capitán quien está al mando.

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