Los trabajos de la cuarta ronda de negociación del TLCAN, que se efectuaron en el Estado de Virginia, se extendieron hasta principios del año próximo, lo cual indica la complejidad de las pláticas, sobre todo porque se prevé  que Estados Unidos apunta a que desaparezca el Tratado y se retomen acuerdos bilaterales, sobre todo con México, Canadá es otro asunto.

La urgencia del presidente Trump por acelerar los acuerdos –o desacuerdos- es por sus populistas promesas de campaña y porque precisamente en noviembre del 2018 habrá elecciones legislativas en su país, porque según su perspectiva si no cumple dichas promesas, el mapa político podría modificarse en su contra.

Igualmente en México, con un gobierno sexenal en su último gobierno tal parece que urge dejar firmados los nuevos acuerdos, dejando con poco margen al gobierno federal que sea electo para el periodo 2019-2024.

En este frenesí trumpiano y endeble posición mexicana, los negociadores canadienses analizan la situación desde el punto de vista político y económico, porque no desdeñan la propuesta estadounidense de sostener un Tratado sólo los dos países, pero el primer ministro Justin Trudeau también sostiene que es necesaria la continuidad comercial especial con México integrado.

El asunto importante son las reglas de origen y en especial la industria automotriz, esto es cuánto de los componentes de producción son originales de los tres países. 65 por ciento de las partes de un auto producido en nuestro país proviene de Estados Unidos, el resto originales o importadas de otros países. 

La propuesta norteña es que dicho componente se incremente a 82 por ciento, de no ser así se impondrían aranceles a las importaciones de autos provenientes de México. Lo anterior para impulsar la producción en ese país y generar empleos.

Pero extraña que ya no se plantee la desigualdad salarial como un punto para llegar a acuerdos, ya que al inicio de las negociaciones los representantes de los dos países vecinos recogieran propuestas de organizaciones sindicales para incrementar salarios en México. Ahora la amenaza arancelaria se centra en reglas de origen.

La ventaja comparativa salarial de nuestro país es considerable: en Estados Unidos la jornada en promedio se paga 37.70 dólares, en Canadá 31 dólares y en México 6 dólares. Pero los inversionistas tanto nacionales como extranjeros cabildean para que lo laboral no se considere en las negociaciones.

Más que convergencia de la economía mexicana con la estadounidense se ha generado estrecha dependencia, a reserva de que hay 12 tratados de libre comercio con 46 países y 32 acuerdos de promoción y preferencia de inversiones con 33 países, que no se han aprovechado. 

Tiempos globales, el TLCAN ha sido una estrategia para orientar nuestra economía hacia el exterior sacrificando salarios y bienestar social, el golpe reciente fue la reforma laboral calderonista-peñista de 2012. En 20 años el ingreso por habitante en México sólo ha crecido 0.8 por ciento anual, en Estados Unidos 1.8 por ciento y en Canadá 1.4 por ciento.  De ahí la migración de millones de paisanos en dichos años.

¿Realmente el TLCAN ha favorecido a la economía y a la sociedad mexicana? Si éste se cancelara es más bien oportunidad para construir estrategias de crecimiento interno con orientación económica del Estado, fortaleciendo con crecimiento salarial progresivo para fortalecer el mercado interno, estímulos fiscales a la productividad empresarial y laboral, incluida una política financiera estatal bien planeada según la vocación y potencialidad económicas de las regiones del país, , asimismo reiniciar relaciones comerciales y de inversión con otras regiones del mundo, sobre todo América Latina y Asia.

No se debe seguir con la mira en una sola estrategia que no ha resultado del todo positiva, se debe pensar en una economía soberana que favorezca a toda la sociedad.  Pero prevalece la terquedad y necedad de los neoliberales.