Como en pocos temas, en el caso de José Ángel, el niño que asesinó a su maestra y se suicidó en Torreón, la ciudadanía coincide en que la responsabilidad es compartida

Tristes acontecimientos como las balaceras escolares perpetradas por alumnos que atacan a sus compañeros y profesores en sus propios planteles, trágicamente se han convertido en el pan de cada día en Estados Unidos.

Y aunque dolorosos, esos tiroteos no parecen sacudir las buenas conciencias de los otrora tradicionalistas estadounidenses, identificados como WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant, el acrónimo en inglés de “blanco, anglosajón y protestante”) que sostienen contra viento y marea, y sin escuchar razones que valgan, la urgencia de controlar el acceso que los ciudadanos de EU tienen a las armas.

En contraste, dos casos similares en México en los dos últimos años –Monterrey y Torreón–, sacudieron al País entero, incluyendo a autoridades, organizaciones no gubernamentales, iglesias y ciudadanos en general.

En ambos casos, los tiroteos se realizaron en colegios privados, cuyos estudiantes, adolescentes en contacto con la forma de vivir de los estadounidenses y con acceso a armas de fuego cuyo costo no es accesible para la mayoría de los mexicanos.

Las primeras explicaciones externadas por autoridades y especialistas en comportamiento sobre el caso de José Ángel, en términos generales señalaban que los contenidos de las redes sociales y el relativismo con que los jóvenes viven su vida explican en parte su actuación violenta.

De ahí que los trascendidos sobre la situación de la familia de José Ángel, cuya madre fue asesinada y su padre estaba preso en Estados Unidos acusado   delitos contra la salud, refuerza la necesidad de fortalecer los vínculos familiares.

Recuérdese que el autor del tiroteo en el Colegio Cervantes vivía con sus abuelos, José Ángel ‘N’ –quien se encuentra preso– y Rebeca Jiménez. Esa situación evidencia un entorno familia muy complejo.

De ahí que llame la atención que el presidente Andrés Manuel López Obrador, al enterarse del caso, señalara la necesidad que unir a la familia para reducir la posibilidad de actuaciones violentas como la de Torreón.

Sicólogos, sociólogos, educadores, líderes religiosos, palabras más, palabras menos, coincidieron en la necesidad de fortalecer a la familia; no obstante, desde hace tiempo la estructura tradicional de la familia ha ido desarmándose con modificaciones legales que facilitan, por ejemplo, los divorcios, mientras disminuyen las cifras de matrimonio, y se modificando los modelos de familia.

ALEJANDRO MEDINA