No nos equivoquemos, lo sucedido en Chile en nada se asemeja a lo que acontece en otras partes de América Latina. Ni su historia reciente, entendida ésta desde el gobierno de Salvador Allende y la dictadura de Pinochet, ni los acontecimientos de la semana pasada. Chile es una democracia madura y con muchos retos. Unos y otros han gobernado en paz y con mucha pasión, sin eliminar el debate. Estamos siendo testigos del agotamiento del pacto que salvó a Chile de la dictadura y lo encaminó por la senda de la democracia y del progreso. Los chilenos enfrentan hoy la más dura de sus pruebas, si salen airosos de esta crisis, en unos años volveremos los ojos y diremos que éste fue el parto de Chile al primer mundo. El primer país latinoamericano en lograrlo. 

Veamos las cifras, comparemos y lleguemos a nuestras propias conclusiones. Chile tiene 17.8 millones de habitantes, su Producto Interno Bruto per cápita asciende a 25 mil 168 dólares, tiene un índice de desigualdad de 0.46 (en donde 1 es la máxima desigualdad posible y 0 es igualdad total). En el selecto club de países integrantes de la OCDE, los extremos en materia de desigualdad corresponden a Sudáfrica con 0.62 (la mayor desigualdad) y Slovakia con 0.24 (la menor). México tiene el mismo índice de desigualdad que Chile: 0.46, con una población a punto de alcanzar los 120 millones de personas y un Producto Interno Bruto per cápita de 20 mil 145 dólares.

En números gruesos no existen mayores diferencias salvo en población. Chile es un país mucho más pequeño. La gran diferencia entre Chile y México radica en el índice de pobreza, por eso los recientes acontecimientos en Chile son abismalmente diferentes respecto de cualquier otro país latinoamericano.

Las comparaciones ayudan a comprender. La dictadura dejó un país con más del 40 por ciento de pobres. Los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia, que aglutinaban a Demócrata Cristianos y a Socialistas, que derrocaron a Pinochet, en una década lograron reducir la pobreza a la mitad. Veinte años después, sólo el 8.6 por ciento de los chilenos vive en la pobreza. La derecha, mucho más moderada, que encabeza el presidente Piñeira, ha gobernado ya en dos ocasiones.

¿Qué sucede y cómo va México? No quisiera ni decirles. En el mismo periodo, como vecinos del mercado más grande del mundo, apertura democrática y comercial, y más dinero, estamos peor que antes y peor que Chile. En 1990 el 52.4 por ciento de los mexicanos vivían en pobreza. La crisis de 1994 la hizo crecer hasta un 69 por ciento. La democracia electoral arrancó en el año 2000 con 50 por ciento de pobres y la dejó en 2006 en 42.9 por ciento, después de seis años de borrachera petrolera. Pudimos bajarla más, pero los gobernadores tenían otras ideas: saquear al País. En 2016 estábamos con 52.9 por ciento, medio punto arriba de 1990. En ese mismo periodo, Chile redujo la pobreza en más de 30 por ciento para dejarla en 8.6 por ciento. México la conservó y la aumentó. Hoy en día, seguimos en torno al 50 por ciento.

Se preguntará usted, con tan buenas cifras, ¿por qué las protestas? ¿Acaso el 8.6 por ciento (un millón 530 mil) de chilenos pobres decidieron paralizar al país? Por supuesto que no, la clase media es la que exige cambios, demanda mayores beneficios, progreso y justicia, satisfacer sus nuevas necesidades. El gobierno chileno es víctima de su propio éxito. Lo explica claramente el expresidente Lagos. Por ejemplo, las viviendas que se construyeron en las áreas más marginadas de Santiago al inicio de los gobiernos de la Concertación. Lagos fue ministro en esos gobiernos y en 2000 llegó a la presidencia. Como presidente la gente le reclamaba la falta de visión con que fueron construidas sus viviendas. ¿Cómo era posible que no incluyeran áreas de estacionamiento? Lagos preguntó a los quejosos: “¿usted sabía, hace 10 años, cuando se mudó aquí, que iba a ser dueño de un auto?” la respuesta generalizada fue no. Lagos confesó: “pues yo tampoco”, perdón por no preverlo”, ahora toca enmendar aquel error. Ocurre lo mismo en un transporte público que se quedó corto ante las necesidades de una población que trabaja y que consume cada día más. Necesitan más y mejor transporte, pero no se quiere o no se puede pagar más. ¿Quién pagará?

En el penúltimo párrafo de la introducción a su obra monumental, “La Sociedad Abierta y sus Enemigos”, Karl R. Popper se pregunta por qué las corrientes filosóficas sociales terminan por volverse contra la civilización
 “¿Cuál es el secreto de su popularidad? ¿Por qué atraen y seducen a tantos intelectuales? Personalmente me inclino a creer que la razón reside en su deseo de dar expansión a una insatisfacción profundamente arraigada, frente a un mundo que no se acerca, ni siquiera lejanamente, a nuestros ideales morales ni a nuestros sueños de perfección”. Al respecto el Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, señala que si comparamos a un país con el ideal que tenemos de una sociedad perfecta, nos vamos a frustrar mucho. Recomienda compararnos con nosotros mismo, con nuestro pasado, para ver qué tanto hemos progresado, retrocedido o estancado.

Al día de hoy Chile es un país mucho mejor de lo que fue hace 30, 20 y 10 años. Enfrenta nuevos retos y su pacto debe actualizarse. La clase política parece entender el mensaje. Socialistas, Demócrata Cristianos y el Gobierno que hoy encabeza la derecha. El Presidente entendió después de no entender. Pidió disculpas al pueblo. Echó para atrás las medidas impopulares, convocó al resto de los partidos y lanzó un programa social sin precedentes. Como en todo, hay intereses mezquinos. Las redes sociales ayudan a magnificar y polarizar. Será necesario resistir y que los que protestan luchen por progresar pero nunca por retroceder.

@chuyramirezr

Jesús Ramírez Rangel

Rebasando por la Derecha