Ilustración: Vanguardia/Esmirna Barrera

A inicios de 1910 el empresario Alberto Brannif inscribió su nombre en la historia de la aviación cuando, en la hacienda de Balbuena de la capital del País, antes que nadie voló un avión en México.

Apenas habían pasado siete años desde que, la mañana del 17 de diciembre de 1903, en las colinas de Kitty Hawks, Carolina del Norte, los hermanos Wilbur y Orville Wright lograron volar por primera vez con un biplano llamado “Flyer I” propulsado a motor.

Aquel vuelo de 12 segundos –que se desplazó sólo 40 metros y alcanzó una altitud máxima de tres metros– abrió una nueva puerta para el desarrollo de la humanidad.

Unos meses después del vuelo de Brannif, cuando habían transcurrido 24 días desde que Francisco I. Madero asumió la Presidencia de México, el coahuilense se convirtió en el primer mandatario del mundo en volar en avión.

El 30 de noviembre de 1911 el cielo despejado era ideal para surcar el firmamento, y en los mismos llanos de Balbuena se realizaron demostraciones aeronáuticas. Ahí llegó el presidente Madero para observar las novedosas máquinas voladoras y George M. Dyott, piloto británico, lo invito a abordar un biplano. El parrense aceptó. Durante 12 minutos vivió una experiencia sin paralelo y disfrutó una vista hasta entonces reservada para las aves.

Ese primer contacto de los políticos mexicanos con la aviación resultó exitoso, pero lamentablemente, a lo largo de la historia también se han registrado dolorosos eventos aeronáuticos que, como común denominador, suelen provocar serias polémicas que llegan a tambalear la estabilidad política.

Las muertes por el desplome del helicóptero en el que viajaban, el 24 de diciembre, la gobernadora de Puebla, Martha Érika Alonso, y de su esposo, el exgobernador y senador Rafael Moreno Valle, amplían la trágica cifra de políticos mexicanos fallecidos en siniestros aéreos.

En lo que va del siglo 21, al menos tres secretarios de Estado, un gobernador, un candidato a gobernador, diputados y colaboradores fallecieron en accidentes aéreos que, a su vez, dieron duros golpes al entorno político.

En la mayoría de los casos, errores humanos y fallas técnicas se identificaron como causas de las tragedias; no obstante, es inevitable que surjieran voces hablando de atentados que hasta ahora no han podido probarse.

Hace 10 años, el 5 de noviembre de 2008, fallecieron Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos, secretario de Gobernación y subprocurador de la PGR, respectivamente, durante la presidencia de Felipe Calderón. La aeronave se estrelló en la Ciudad de México.

Cuatro años más tarde, otro secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, murió en noviembre de 2012, al desplomarse el helicóptero en el que viajaba a Cuernavaca.

Estos fallecimientos generaron una fuerte inquietud entre la clase política y la sociedad mexicana, azotada por la violencia. Ahora las muertes de Alonso y Moreno, vuelven a hacer reblandecer el entramado político en México.

Ya la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República abortó el despegue de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. El tabasqueño también puso en venta el avión presidencial y provoca revuelos en las aeropistas del País, cuando sale de gira en vuelos comerciales, ojalá que ninguna de esas decisiones resulten más costosas que los problemas que buscan enmendar, y que la tragedia del matrimonio Moreno Alonso no nuble el cielo de Puebla y del País.