Para 1989 de 2 mil 387 municipios que hasta ese momento existían en México, solo 39 eran gobernados por un partido distinto al partido hegemónico. La llegada de la alternancia por primera vez se dio en México en 1947, cuando Manuel Torres, del PAN, asumió la Alcaldía del municipio de Quiroga, Michoacán, 8 años después de haberse fundado el partido. En 2016, de 2 mil 440 municipios, el PRI gobierna solamente mil 510; el PAN, 437; el PRD, 332 y otros partidos, 135. Pero lo que hoy se ha vuelto normal en muchos municipios del País, la alternancia, es el principio de lo que se denomina transición.

Al tiempo hubo alternancia en algunos estados de la República comenzando con Baja California, Chihuahua, Nuevo León, Guanajuato y Querétaro. Después llegaron para el PRD los triunfos en el Distrito Federal que a la fecha lo conservan, Zacatecas y Tlaxcala. En este momento el PRI gobierna 15 estados; el PAN, 10 y el PRD, cinco entidades federativas, el Verde, en Chiapas, y en Nuevo León un gobierno independiente. Y en el 2000, en relación a las elecciones y no a la administración, tuvimos la aproximación más nítida al tema democrático.

En las elecciones de 2016 donde el PAN en coalición con otros partidos arrasó en siete estados, fueron una buena cantidad de factores los que propiciaron el triunfo, que aunque ganaron -como dijo un célebre personaje. “haiga sigo como haiga sido”-, la transición no tuvo la transparencia deseable. En muchos de los casos no son los triunfos del PAN, son los excesos del PRI; no es el voto razonado, es el voto de castigo; no son candidatos eminentemente blanquiazules, son híbridos; no es la elección por la simpatía de un candidato o un partido, es la venganza política de los ciudadanos.

La evolución democrática en México no ésta en duda, ha habido grandes avances, como vimos con los datos arriba mencionados. A muchos, sobre todo a los que han vivido de los privilegios y beneficios que les ha dado el poder, afirman que cuando gobernó un solo partido durante un tiempo tan largo se dio la estabilidad ypaz social, es verdad. Pero también se dieron cualquier cantidad de tropelías, de desfalcos, de corrupciones que rayaron en lo absurdo. Ni Luis Buñuel, en sus obras surrealistas, se hubiera imaginado de lo que llegarían a ser capaces los políticos mexicanos, donde la ficción supero a la realidad. La transición genera gobernabilidad, es decir equilibrio social, en nuestro caso, creo una nueva realidad, un cambio de paradigma.

En Coahuila nunca ha habido alternancia y en 2017 celebramos elecciones para Gobernador. ¿Qué tan bueno es un cambio en la administración de un Estado? Primero recordar que en 2011, de cada diez coahuilenses, seis no asistieron a las urnas. Solo el 38.5 por ciento de la población salió a votar ¿Hartazgo, desencanto, desinterés? ¿Qué tan buena es la transición? Donde tendríamos un buen parámetro sería en las dos administraciones que vivimos del año 2000-2012 a nivel federal, saqué Usted sus conclusiones.

Veámosla desde el análisis crítico. Primero, es la apertura hacia el escenario democrático. Al momento los cambios de colores han generado mayor dinamismo en la ciudadanía, por el hastío, el tedio, el interés o la simpatía. Porque se da una oferta distinta y una manera de operar distinta. Como afirma José Woldenberg, la transición “es más que un cambio de partido; es aprendizaje social y político acumulado a lo largo de los años”.

Es la oportunidad de más derechos, de nuevas demandas, de nuevas reformas electorales, de competencia limpia y sobre todo de una sana oposición. En la práctica, se trata de ofrecer nuevos proyectos, nuevas formas de hacer las cosas, quedar bien con electorado para una futura y posible elección, combate a la corrupción y castigo a los ineficientes. Se promueve la tolerancia, hay cambios políticos, cesa el autoritarismo, se da la participación de los ciudadanos, se una expansión de libertades, se modifica el debate legislativo, cambian las estrategias políticas, de modificar la cultura política, entre otras cosas.

La campaña 2017 comenzará muy pronto y es tiempo de escuchar propuestas de algunos candidatos que “desean servirnos”, es una nueva oportunidad que tenemos los coahuilenses determinar a quienes seleccionamos a través del voto para administrar y liderar el estado por seis años. Que impere la racionalidad, que impere la reflexión y que no seamos presas del clientelismo, del paternalismo, del desinterés y del abstencionismo. La alternancia y la transición son elementos necesarios para la consolidación de la democracia. Ya hablaremos de las características que debes de ver en los candidatos. Bienvenida la transición democrática.